OPINIÓN PÚBLICA

Manipulados por la ignorancia: Alejandro Eduardo Chevalier Molina

A diario podemos ver que todos somos tanto víctimas como promotores de argumentos basados en falacias. Es tan fácil caer en razonamientos falsos o erróneos, y a veces somos tan susceptibles a dejarnos convencer por ellos, que las mentiras se llegan a convertir en verdades y, peor aún, las ideas brillantes son contaminadas por argumentos aparentemente coherentes, pero en realidad vacíos.

Los medios de comunicación tienen la gran responsabilidad de emitir información coherente y lógicamente estructurada. Es lamentable que no todos los protagonistas de los medios y sus colaboradores sean responsables al actuar. Hace unas semanas, los televidentes y radioescuchas pudieron presenciar un episodio colmado de falacias cuando el reportero de un noticiero matutino entrevistó a un ministro de Estado, para que aclarara las dudas de la ciudadanía respecto a la controvertida licitación de un proyecto que busca renovar una provincia ubicada al norte de nuestro país.

Basado en sospechas que nacen a partir de la presencia del ministro en el acto de licitación, a la mitad de la entrevista el reportero le preguntó: ¿Qué dice usted sobre comentarios como que la máxima autoridad de una institución casi nunca asiste a los actos de licitación para evitar suspicacias? Inconscientemente, el reportero incurrió en una falacia de pregunta compleja, ya que supone la aceptación de una información previa al decir que es común que la autoridad máxima de una institución casi nunca asiste a esos actos por solo una razón: “evitar suspicacias”.

La respuesta del ministro también preocupó, pues envolvió otra falacia. Entre otras cosas, él basó el compromiso que lo llevó a presenciar y presidir la licitación en el hecho de que ese proyecto tenía que ver con miles de vidas panameñas. Al argumentar de este modo, apeló a la piedad de los panameños para lograr asentimiento, lo que dejó relucir que quizás carecía de mayores argumentos. ¿No hubiese sido mejor que fundamentara su compromiso afirmando que la autoridad máxima de una institución se encuentra en derecho no solo de presenciar, si no también de presidir un acto de licitación de cualquier tipo, fundamentándose en la ley de contratación pública vigente?

No puedo dejar de mencionar que la falacia favorita del panameño es, sin lugar a dudas, la de “causa falsa” que, como su nombre lo dice, ocurre cuando se toma por causa lo que no es. La lógica indica que es imposible para el Presidente resolver todas las demandas ciudadanas, desde solucionar problemas con el grifo del agua en cada hogar hasta llevar a cabo negociaciones diplomáticas internacionales.

En los últimos meses han salido a relucir muchísimos señalamientos contra el mandatario por desempeñar su labor con lentitud, al haberse enfocado exclusivamente en perseguir a quienes han cometido delitos relacionados con corrupción y estafa. En caso de que esa lentitud de hecho exista, nada tiene que ver con que el Ministerio Público –entidad gubernamental encargada de perseguir a quienes cometen delitos– se encuentre ahora bajo el escrutinio público por la cantidad absurda de escándalos a los que se enfrenta, tras el pasado quinquenio. Los panameños solo debemos juzgar al Presidente por cumplir o incumplir las funciones que le atribuye la Constitución, no por la percepción de la población respecto a la rapidez con que trabaja.

Ha sido difícil para el Gobierno defender con argumentos certeros programas tan controvertidos como el control de precios. De algún modo, esta propuesta parece caer en una falacia y generalización apresurada al hacernos pensar que fue implementada solo porque funcionó en otros países. El Gobierno argumenta que los precios de varios productos de la canasta alimenticia disminuyen, pero los profesionales también reconocen que la seguridad alimentaria no se asegura, y el mercado sigue siendo controlado por algunos cuantos, lo que convierte al agro panameño en poco exitoso. ¿Cumple este programa con sus objetivos o la población es víctima de una falacia?

Para algunos es muy fácil sustentar argumentos con falacias para lograr sus objetivos, aprovechándose de la ignorancia de unos cuantos, si no pregúntenle a ciertos diputados populistas que, de manera evidente, esconden intereses detrás de discursos y frases como: “Las mayores ganancias de mi trabajo son para los panameños”.

Como ciudadanos tenemos la responsabilidad de discernir los discursos que escuchamos, tanto en los medios como en conversaciones cotidianas. Detectar falacias nos da el poder de señalar que quien parece más inteligente o sabio puede no serlo y, sobre todo, de comprender que quien en teoría es subordinado puede exigir mucho más a quien lo lidera.

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