OBJETIVOS CLAROS

Manual del político integral: Jesús Sierra Jované

A lo largo de la vida, nos hemos encontrado, tanto en Panamá como alrededor del mundo, con personas cuya vocación nos sorprende, liderazgo nos motiva y su deseo de servir al prójimo nos sensibiliza y dirige a ser más humanos.

Dicen que el hombre es 95% emocional y 5% racional, por consiguiente es entendible que las virtudes mencionadas, atadas a la emoción, capten nuestro interés. No obstante, estos elementos ya no son suficientes para que a alguien se le considere un político integral, ya que el enfoque principal está en cómo debe hacerle llegar los mensajes e ideas a la sociedad.

El “político perfecto” siempre debe cumplir con lo que establece la ley, especialmente durante la contienda electoral. Nada debe hacer fuera de la ley, pues así lo demandan la ética y la moral, además del riesgo electoral y las responsabilidades penales que deberá enfrentar al incurrir en cualquier tipo de conducta delictiva. Debe reducir el espectro de la campaña a cuatro palabras mágicas: “qué quiere la gente”, es decir, buscar el elemento que lo diferencia frente a su adversario y centrarse en él.

Muchos cometen el error de llevar una campaña ofensiva, atacando constantemente al rival, y se olvidan del objetivo principal y el motivo por el que aspiran a un cargo de elección popular: la gente.

Su relación con los medios de comunicación es clave en una campaña electoral. Debe crear un ambiente flexible y procurar tener disponibilidad para la prensa, desarrollando una relación que a largo plazo genere confianza y no solo sea una herramienta para cuando le interese proyectarse políticamente.

Además, tratar a los periodistas con respeto y amabilidad incluso cuando lancen dardos; y mostrarse cercano y relajado, demostrando que más allá de un político, hay una persona que comparte las inquietudes y los problemas de su interlocutor y de su gente.

La imagen del candidato debe irradiar humildad, y no perder de vista nunca de dónde ha venido y adónde quiere llegar; que si ostenta ese cargo es porque el pueblo depositó su confianza en él. Debe ser prudente, sensato y dejarse guiar por sus asesores, hacer a un lado su opinión personal y asumir la postura de quienes representa.

El político integral nunca evita su responsabilidad. Esto lo vemos con frecuencia en los momentos de crisis, y si no es experto en el tema, se debe hacer acompañar de especialistas, sin dejar de asumir su responsabilidad política, y dar la cara por sus electores para mantener su compromiso como carta de presentación.

El debate electoral es el talón de Aquiles de muchos, ya que es el factor determinante en cuanto a las posibilidades de ganar las elecciones entre el candidato que gobierna y el aspirante, término que en inglés se denomina incumbent. El relato comunicativo del aspirante debe contener elementos tanto críticos como propositivos, así como mensajes racionales y emocionales. Un debate se estructura en bloques temáticos tasados en el tiempo y en el número de participantes. El candidato debe ser claro, conciso y adaptar sus mensajes a la duración y bloques pactados.

En cuanto a la publicidad electoral, los expertos afirman que los criterios estéticos y publicitarios no pueden corresponder a los gustos personales del político, deben correlacionarse con las inclinaciones del público al que se dirige la publicidad.

Al igual que en las redes sociales, el contenido que comparta no debe ser para él, sino para quien lo recibe. Es importante no confundir las redes como un medio de comunicación, sino verlas como un canal de comunicación con el que se puede influir en la agenda de los medios informativos y tener paciencia, no dejarlo todo en manos de un supuesto “impacto viral”.

Para finalizar, me gustaría mencionar los tres grandes errores que un político nunca debe cometer en campañas electorales. El primero y uno de los más frecuentes es no hablar de las necesidades de la gente. Este va ligado al segundo y es el clásico diálogo marxista que consiste en hacer referencia a solo los problemas, sin ofrecer soluciones. El éxito está en desarrollar un plan de gobierno que cumpla a cabalidad con las peticiones y necesidades de la gente, planteando los problemas, pero con sus respectivas soluciones, de forma bilateral.

El tercer error, que es el principal y más grande de todos es no escuchar a los ciudadanos, ignorando por completo sus inquietudes y emociones. Como sabemos, las emociones son vitales, no solo en una campaña electoral; son parte de nuestra vida y nos proporcionan la energía para resolver un problema o realizar una actividad nueva.

Aquel que tiene aspiraciones o comienza a proyectarse para 2019, debe tener una visión concreta y un plan de desarrollo integral. Si bien es cierto y como dijo El Toro: “el que no aspira, expira”, lo fundamental es que el político tenga claro que “aquel que no vive para servir, no sirve para vivir”.

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