CONFRONTACIÓN

Martinelli, Gálvez y otros demonios: Julio Fidel Macías Hernández

Desde la concepción de la derogada Ley 72 de 2012 que permitía la venta de las tierras de la Zona Libre de Colón, trazada por su urgida discusión y ulterior aprobación en la Asamblea Nacional y su automática sanción por parte del Presidente de la República, se vislumbraba una situación caótica en la provincia de Colón. La mayoría de los colonenses nos resistimos a la pretendida venta de los terrenos frente a una minoría de protervos que pareciera no importarle cuánta sangre manchara las calles y avenidas, con tal de alcanzar sus propósitos. Eso quedó claro, ante la lamentable expresión del presidente de la Asamblea Nacional, Sergio Gálvez, es la advertencia de que el Gobierno no tendría el mínimo remordimiento, si producto de la pretensión demoniaca de vender los terrenos de Zona Libre, los cementerios de Colón se cubrían con las lágrimas de sus lugareños.

El estilo de confrontación del Gobierno para atender las legítimas demandas del pueblo y la impudicia con que algunos “personajes” como Gálvez y otros tantos demonios de este gobierno expresan su desprecio a las consideraciones del pueblo, pareciera apuntar hacia cierta excitación demoniaca por los derramamientos de sangre.

Lo delicado de la situación es que el pueblo colonense demostró su disposición a pagar con la vida –si era necesario– el importe para desvanecer los propósitos de Ricardo Martinelli, Gálvez y los demás demonios que pretendían hacerse de los terrenos de la Zona Libre para generar las jugosas contrataciones que sirven como fertilizantes a las corruptelas propias de este y otros gobiernos. Las escenas de abuso policial, el uso indiscriminado de la fuerza contra periodistas, la apología oficialista de lo absurdo y las demoniacas profecías de Gálvez, fecundaron el camino para un infortunio totalmente innecesario.

Quizá en otro momento y bajo otras condiciones pudiera generarse, desde Colón, un debate sobre la conveniencia, o no, de la venta de tales terrenos o de emplear otras medidas y/o proyectos sociales que mejoren la situación de Colón, porque cierto es que esa provincia se encuentra en una situación histórica de abandono y que cada lustro nos visitan demonios con promesas demagógicas de mejores días; sin embargo, todo lo que se generó por la apresurada e inconsulta aprobación de la ley, sumado a la persistencia del Gobierno en mantenerla y la dura e innecesaria represión que sufrió Colón en manos de la Policía Nacional, apuntaban a que la venta de los terrenos tenía como verdadero propósito satisfacer la codicia de unos cuantos, no mejorar los días de Colón. La actitud del Gobierno, demostrada en esta causa y en anteriores como las de Bocas del Toro y San Félix, no hace otra cosa que catequizar la necesidad de exorcizar el país para ahuyentar estos demonios de la vida política.

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