EL MALCONTENTO

Mejor cerremos el Inac: Paco Gómez Nadal

Mejor cerremos el Inac: Paco Gómez Nadal Mejor cerremos el Inac: Paco Gómez Nadal
Mejor cerremos el Inac: Paco Gómez Nadal

Tengo una propuesta nada revolucionaria pero imprescindible. Cerremos el Instituto Nacional de Cultura (Inac)... o volvamos a olvidarlo, que es lo mejor que se puede hacer con un compromiso tan molesto como el de la cultura.

La política cultural es tan anecdótica para los gobiernos de Panamá que es inútil mantener la ficción institucional cuando la realidad es la de un páramo que nadie quiere sembrar.

Reconozco que me enteré tarde la renuncia de la directora del Inac, Mariana Núñez, pero es que tuvo menos repercusión que un resbalón de Enrique Iglesias al salir del supermercado. No es que sea la noticia que antecede al desastre nuclear (nadie es imprescindible), pero aprendí hace tiempo que cuando un alto cargo del gobierno dimite (algo bastante insólito) y no puede dar explicaciones, lo más normal es que la bronca de fondo sea monumental.

Leo fragmentos de bochinches: que si el panameñista Juan Francisco Guerrero se compró un carro de 60 mil dólares, que si Núñez era lenta, que si Varela estaba descontento… en fin, todo anecdótico (excepto lo primero) si no fuera porque se vuelve a confirmar el rumbo más que errático de esta institución.

Lo que está detrás de esta crisis, que ya ha supuesto la renuncia de la mitad de los responsables del Inac, es la desidia cultural de los políticos del país. El Inac tiene la mitad del presupuesto del Registro Público y solo un 40% del de la Autoridad de Turismo. Los museos públicos agonizan, pero las élites se celebran por la apertura del contenedor de Frank Gehry; las bibliotecas públicas son rarezas en el paisaje, pero se construyen líneas de Metro con la alegría del nuevo rico; el patrimonio arqueológico duerme encerrado en un museo que ya no lo es, mientras el debate se centra en cuanto dinero invertir para restaurar una Catedral que es de propiedad privada (por eso Ulloa agradece el regalo pero no se rasca el bolsillo); el intento de generar un plan nacional de cultura que lideró Mariana Núñez quedará en la gaveta del nuevo director; las esperanzas quedarán enterradas, de nuevo, tras una densa capa de caspa y olvido.

La cultura no interesa. Nos movemos entre el entretenimiento fácil y de lujo y el ocio televisivo zafio para quien no puede pagar. Arrinconamos la cultura propia a la anécdota turística y confundimos la gala de Miss Panamá con un concierto de la Orquesta Sinfónica. Un país, para alimentar un tejido cultural libre y poderoso, debe contar con una política pública clara, compartida, financiada y sostenida.

No será el emprendedurismo el que sostenga el tejido cultural porque la cultura, se la mira por donde se la mire, nunca será rentable desde el punto de vista capitalista. El que un niño o una niña de cualquier provincia del país tenga acceso a una oferta cultura diversa y de calidad no puede dejar beneficio monetario, pero sí aporta valor. El que un creador o productor tenga el apoyo necesario aunque su obra sea irreverente o moleste a sectores del país, es la garantía de un clima cultural democrático y de calidad.

Mientras la cultura no sea un tema clave en la agenda política será indiferente quién dirija el Inac porque solo podrá cambiar aspectos superficiales. Y como llevo viendo, y denunciando, desde hace ya muchos años, no lo es. Por eso, cerremos el Inac, y los museos que dependen de él, y las bibliotecas, y las escuelas artísticas. Dejemos de dar premios literarios tan poco rentables como clandestinos. Dejemos de fingir que nos importa la cultura y centrémonos en lo que de verdad nos interesa: el negocio, la angurria, el clientelismo, el poder.

En fin, una nueva decepción en esta administración. Desde fuera (y, por tanto, me puedo equivocar), el gobierno se reduce a una oficina de contratación de obras (y no de diseño de políticas) y a un ejercicio permanente de relaciones públicas. De ser así, el Estado se convierte en una especie de secretaría técnica de los intereses privados que recauda y gasta para mayor beneficio de unos cuantos y para el reparto de las migajas entre los muchos.

Nada de fondo está cambiando (a mejor) en la estructura política y cultural del país y eso es una muy mala noticia porque esta administración había levantado unas expectativas que, de ser frustradas, lastrarán el futuro con una intensidad brutal porque se sumarán al lastre insoportable del gobierno del fugado.

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