OCURRENCIAS

Menéelo, menéelo...: José Salvador Muñoz

“Compadre, quiero que me ayude”. La corta frase con la que comienza esta historia, enlazada al título de ella, obedece al recuerdo que ha traído a mi memoria una de las anécdotas de don Polo Fábrega, inolvidable personaje santiagueño, que por cierto me parece que era tío del tío Pipo, por razón de las revelaciones hechas públicas de los manejos económicos de un magistrado de nuestra Corte Suprema de Justicia, de raro peinado, que se han hecho notorios, últimamente.

La historia es muy singular. Resulta que en una ocasión, a don Polo lo fue a visitar uno de sus compadres, muy preocupado, a solicitarle que le aconsejara qué debía hacer, por las sospechas que tenía de que su mujer no le era fiel. Don Polo, que era un hombre muy conocedor de todas las cosas que ocurrían en el pueblo y de quién era quien en cada caso, le aconsejó a su compadre que fuera a visitar a doña Casilda, creo que así se llamaba la bruja más faculta que había en el pueblo para esos menesteres.

El compadre, un poco más sosegado, se fue derechito a donde vivía la famosa dueña de los extraordinarios poderes. La encontró en su acostumbrada silla mecedora, desde donde podía ver los extraños mejunjes que preparaba en su cocina, y le contó la causa de sus desvelos, solicitándole consejo y ayuda. La buena señora, de inmediato, recurrió a sus ya conocidos talentos y le aconsejó a su nuevo paciente lo siguiente: “Mire, váyase a su casa y esta noche cuando la señora tenga que hacer sus necesidades le recoge la orina y me la trae para ver qué es lo que va a salir de ahí. Veremos si está libre de pecado, o no, a fin de poder ayudarlo a usted”.

El compadre de don Polo, siguiendo las instrucciones recibidas, esa noche, solícito, como pudo, ayudó a su querida señora en todos sus menesteres y en un descuido de ella recogió las aguas menores de su amada consorte, en un frasco, lo tapó y lo guardó.

Al día siguiente, las aguas asentadas se las llevó a la faculta quien le informó, luego de examinar y menear el frasco, con la muestra que recibió, que allí se encontraban tres hombres, dos de ellos muy amigos del compadre de don Polo y otro que él no conocía.

Con toda la información, el hombre, preocupado, se fue a visitar a don Polo y le contó lo que había dicho y hecho la faculta, y le refirió que de acuerdo con el diagnóstico en el frasco aparecían tres hombres y le mencionó el nombre de cada uno de ellos.

Don Polo se le quedó viendo y le dijo: “Compadre, coja ese frasco y menéelo... menéelo bien fuerte de nuevo, que ahí hay más gente”. Así pues, fue la historia que volvió a mi memoria, por las últimas ocurrencias judiciales.

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