EFECTOS ADVERSOS

Mito: los aumentos salariales mejoran la calidad de vida: Roberto Cerrud Rodríguez

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Mito: los aumentos salariales mejoran la calidad de vida: Roberto Cerrud Rodríguez

Un tema que resucita cada dos años es la negociación del salario mínimo. Estos salarios son obligatorios para todos los negocios que operan en Panamá, sin importar si una empresa a duras penas genere ingresos suficientes para mantenerse a flote y siempre van dirigidos a obtener un beneficio político para el gobierno de turno, a costa de los sectores productivos del país.

Las diferentes administraciones han utilizado estos aumentos para ganar el apoyo de ciertos sectores de la ciudadanía, con el fin de tener la capacidad política para llevar a cabo sus programas. Actúan como el capitán de un barco que, a sabiendas de que la nave se hunde, en lugar de ordenar que reparen los agujeros, convoca a los pasajeros a bailar en el salón principal, para distraerlos del hecho de que todos se ahogarán, si no se hace nada.

Es innegable que el precio de los productos de la canasta básica se ha incrementado. Y cuando suben lo primero que viene a la mente de muchos es que un aumento del salario mínimo impuesto por el gobierno es la solución, sin embargo no es así. Los salarios son el precio que paga el empresario por el trabajo de sus empleados. Por ejemplo, imaginemos que el dueño de una tienda de legumbres tiene dos empleados y que a ambos les paga 20 dólares por día, hasta que llega el momento en que el “sindicato de vendedores de legumbres y productos afines” decide que ese pago es muy poco y le exige al gobierno un incremento de los salarios en su sector, a lo que el gobierno accede, fijando el nuevo salario mínimo a 40 dólares diarios.

El dueño de la tienda se ve ante una difícil situación, puesto que su mano de obra le resulta más cara, pero las ganancias de la tienda son las mismas de antes. ¿Qué le queda por hacer? O sube los precios al consumidor, para que este asuma el costo del aumento salarial o despide a uno de los trabajadores. Suponiendo que decida lo segundo, tal aumento de salario mínimo actúa como un juego de suma cero. Es decir, una situación en que la ganancia de uno (solo uno de los empleados ve su salario mínimo aumentar) es igual a la pérdida de otro (el que fue despedido ahora no gana nada).

Un salario mínimo alto tiene consecuencias imprevistas que a menudo no se consideran. Los jóvenes experimentan muchísimos problemas cuando buscan empleo, pues las empresas al tener que pagar tan caro por mano de obra no especializada, prefieren contratar a gente con experiencia. Este incremento en el desempleo juvenil, a su vez, trae problemas de criminalidad e inestabilidad política.

Otro problema que se genera es que las empresas que requieren más empleados de los que pueden pagar, se ven forzadas a contratar a extranjeros que residen ilegalmente en el país, porque a ellos sí les pagan un salario menor que el impuesto por el gobierno. Esto genera resentimiento entre los nacionales, que se sienten desplazados, lo que resulta problemático y potencialmente peligroso en Panamá, un país de tránsito.

Hay múltiples alternativas para atender el aumento vertiginoso del costo de la vida, uno de los problemas que más ocupa a los panameños. Entre las opciones está reducir las barreras arancelarias a la introducción de productos agrícolas, de manera que los consumidores tengan acceso a productos más baratos. Otra es disminuir el endeudamiento gubernamental destinado a la construcción de obras públicas faraónicas y casi siempre innecesarias para un país tan pequeño. Con esto se bajan, a la vez, los impuestos que los ciudadanos y las empresas tienen que pagar. Una tercera opción sería permitirle al mercado determinar los precios que las compañías y corporaciones deben pagar por el trabajo de sus empleados. Es decir, que le permitamos a ambos negociar los salarios que más les convengan, para que el Estado actúe solo como un mediador imparcial, que interviene solo cuando las partes lo solicitan.

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