CRECIMIENTO ECONÓMICO

Modelo de pobreza e inequidad: Orlando Acosta

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Panamá es el segundo país con mayor crecimiento económico de la región, con el 7% del PIB. “Crecimiento económico” es el discurso demagógico más cacareado en los medios y repetido por los políticos y ministros de Estado. Crecimiento se refiere al impulso de la economía y generación de riqueza. Desarrollo cubre aspectos como salud, agua, educación, oportunidades, transparencia, casa, institucionalidad, seguridad y otros. En las actuales circunstancias, nuestro modelo de crecimiento económico acentúa la pobreza e inequidad.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo presentó en 2013 el informe de desarrollo humano en un hotel de la ciudad, ese mismo día una embarazada cayó en una letrina, en Chapala, muriendo ella y su nonato. Un número importante de ciudadanos no tiene agua potable. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU proponen reducir a la mitad la deficiencia en la cobertura antes de 2015. Para ello se requiere hacer mucho más que inversiones en hoteles, carreteras, aeropuertos y procesos expeditos por aduanas estadounidenses. Demanda reforzar la institucionalidad del sector agua que, según expertos, necesita más que recursos de inversión; además hay que ejecutar una política de uso y conservación de los recursos hídricos, con transformación del sector.

Panamá es el segundo país con la prevalencia de VIH más alta en la región. Según el observatorio panameño y derechos humanos VIH/sida, la cifra supera los 15 mil pacientes, a los que se les suman otros 20 mil portadores del virus. El dengue hace estragos, sin contar con otros registros de morbilidad y otras patologías, las autoridades reportan más de 3 mil casos de la enfermedad y varias muertes.

La cobertura médica en áreas indígenas es deficiente. Allá los niveles de pobreza llegan a 98.5%, según la Encuesta de Niveles de Vida de 2005. El tema de la salud es un asunto de conflicto y la huelga de casi un mes de los profesionales de la medicina revela un problema. La crisis en educación exhibe una condición difícil de abordar. Es evidente un problema de calidad y desarticulación que la aleja del mercado laboral y del emprendurismo e innovación.

Con relación al agro, por ejemplo, en Chiriquí –según los productores– se han dejado de sembrar más de 70 mil hectáreas de arroz. Los productores del este de la provincia de Panamá reclaman por deficiencias en los sistemas de comercialización. Cada hectárea sembrada moviliza insumos y trabajo; y cada hectárea dejada de sembrar afecta la economía local. Los incentivos para la importación de productos agrícolas dejan en desventajas al local, crean distorsiones del mercado y acumulan ingresos localizados en grupos de interés.

Recientemente se impusieron políticas energéticas para el uso de alcohol como combustible (etanol). La caña competirá con el uso de tierras productivas para la producción de alimentos, y el monopolio creado añadirá más distorsiones junto con la asignación de 15 hectáreas contiguas a los ingenios de allegados del Ejecutivo y dueños del beneficio de caña azúcar.

Los ríos y fuentes de agua han sido destinados para la producción de energía. Esto crea conflictos con los pueblos originarios. Gran parte del país ha sido concesionado para exploraciones mineras en áreas sensibles desde el punto de vista ambiental y de producción de agua. La minería concentra riqueza que, en un contexto de desregulación, se transforma en una actividad depredadora, contaminante y exportadora de bienes. La región metropolitana concentra una millonaria inversión en proyectos de servicios, transporte, saneamiento, vialidad. No hay antecedentes de una inversión de esta escala en calles, puentes, carreteras, aeropuertos todo lo que, sumado a la ampliación del Canal, ha hecho del destino de esta región, deformada, un sumidero de oportunidades de empleo y escenario de conflictos de transporte urbano y movilidad.

La política de asentamientos humanos, vivienda y territorio es errática. No hay un plan de ordenamiento para crear barrios, ciudades, regiones sostenibles. El modelo de desarrollo urbano está en manos del mercado, bajo políticas perversas de subsidios de vivienda que sumado a la recién política catastral, hará que vivir en la ciudad sea imposible.

Por el turismo, todas las costas del litoral de playas han sido privatizadas y entregadas a desarrollos excluyentes que limitan el acceso y minimizan la actividad de pesca artesanal y el acceso a los recurso marino-costeros.

Los subsidios directos se transforman en un instrumento de clientelismo político y no detonan la transformación que posibilite oportunidades y equidad.

Hay avances parciales en desarrollo humano, circunstancia que no logra impulsar el desarrollo ni generaliza los beneficios, por la ausencia de políticas redistributivas e integrales.

Disparidades territoriales, crecimiento de inversiones, poca transparencia, debilidad institucional, inequidad, oportunidades, educación, turismo, salud, políticas urbanas-territoriales e insostenibilidad ambiental no son sinónimos de crecimiento económico.

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