EL MALCONTENTO

Momentos mágicos de Blandón: Paco Gómez Nadal

Momentos mágicos de Blandón: Paco Gómez Nadal Momentos mágicos de Blandón: Paco Gómez Nadal
Momentos mágicos de Blandón: Paco Gómez Nadal

A mí no me salen las cuentas. A mí no me cuadra nada. Claro que yo soy un poco bestia y mi infancia debió ser una miseria porque no pude asistir a un desfile mágico de Disney y porque me enteré demasiado pronto de la vileza del pato Donald.

Vamos a ver… el Municipio de Panamá, encabezado por el honestísimo José Isabel Blandón, está a punto de tirar por la cinta costera de los desfalcos 3.7 millones de dólares para que las muy dóciles masas disfruten de los “Momentos Mágicos de Disney”, típica atracción navideña de Panamá que rescata lo mejor de su cultura tradicional y lo más puntero de su innovación artística (nótese la ironía, por favor). 3.7 millones que saben a poco sabiendo que, según el honestísimo alcalde, miles y miles de extranjeros y nacionales llegarán a la ciudad capital atraídos por el espectáculo único en el mundo (aunque ya fuera escenificado en Sao Paulo en 2009, y en Copacabana en 2011). Parece poca plata si tenemos en cuenta que, como destaca el Municipio en su nota de prensa “por primera vez en Latinoamérica, en el marco de un desfile, estará presente la corte real completa de princesas Disney”, y, si usted no considerara esto suficientemente importante, “también participarán las villanas: Maléfica, Cruella de Vil y la Reina Malvada”.

La realidad es que estamos mal de la cabeza. No solo basta con ser honesto para ser un buen líder político, sino que hay que saber qué sociedad estamos construyendo: ¿una ciudad de Panamá con fuertes raíces, una identidad propia y unos actos públicos desligados del consumismo más voraz? o quizá…¿un Panamá más agringado de lo que el pavo de Acción de Gracias hace intuir y con eventos siempre pensados para inducir a la estupidez colectiva y el consumo?

Las prioridades del populismo son claras: la segunda opción siempre gana en un gobierno municipal que no sabe –quizá no quiere– huir del influjo del mal que proyecta la cinta costera y todo lo que allí parece acontecer.

Vean si no. El Municipio, en 2015, dedicó un jugoso presupuesto de $884 mil 249 a la Subdirección de Cultura, y un súper presupuesto de $477 mil 116 a la subdirección de Obras Comunitarias. En inversiones, había asignado por ley 3 millones de dólares al Desarrollo Urbanístico de la ciudad (sea lo que signifique eso), que después fueron reducidos a $816 mil 595 y de los que solo había ejecutado, al 31 de octubre de este año, un 1.1%. Mucho más interesante es ver cómo en el presupuesto de 2015 solo había asignados $52 mil 970 a la Atención al Ciudadano y cero dólares al departamento de Transparencia y Evaluación. Los Momentos Mágicos merecen $3.7 millones porque reforzarán este imaginario de ciudad tan vacío de lo propio como repleto de populismo y de descaro. No entraremos a juzgar la urgencia apremiante y la necesidad irrefrenable de adjudicar el contrato de forma directa, sin competencia ni diversidad de propuestas. No se me ocurrirá juzgar los silencios de algunas funcionarias y funcionarios que venían de una cultura crítica o de una sociedad civil que solía denunciar los desmanes o torpezas del poder.

Blandón no es el único enajenado por tanto “momento mágico”. Lo mismo le ocurre al presidente Varela con las asignaciones culturales, que maneja como un estímulo publicitario o un premio a ciertos sectores, y no como el aporte a una política cultural real en el país (recuerden el despropósito con el llamado Museo de la Libertad). Así parece discurrir el país, con desfiles navideños desproporcionados y pobreza cultural en barrios y veredas; con megamuseos de colorines en la periferia de la realidad y museos abandonados en pueblos y ciudades; con miles de luces de colores concentradas en la capital mágica y un apagón permanente en buena parte del país.

Panamá camina cada vez más hacia un país bipolar, con una cara visible conformada por casinos, centros comerciales y desfiles “miameros”, y una cara oculta –en la que sobrevive la mayor parte del país– (la que solo tiene permiso para ser el público-consumidor de su contraparte, pero que debe regresar a tiempo a dormir en la zona del no-ser reservada para trabajadores informales y formales y para soñadores sin apellido o pasaporte adecuado). Blandón ya puede considerarse parte del club de autores intelectuales de este estado de cosas. Varela nació con acciones bajo el brazo de ese selecto club. En su concepción del mundo, están haciendo el bien con el desfile de este 6 de diciembre, pues traen a los pobres de su país lo que ellos le enseñaron en avión a sus hijos: la corte real completa de princesas Disney. Ellos, en el imperio del norte, lo celebraron con el plan de comidas de lujo del pack “Magic Your Way”. Nosotros, en el patio trasero del sur, nos conformaremos con la carne en palito.

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