PROBLEMAS DEL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

Moneda y economía en picada: José Isidro Morante Erazo

Desde que el hombre acuñó el concepto de Estado como ente regulador de la sociedad, la moneda tiene una especial atención de las personas que estaban detrás del regulador, señores feudales, reyes, primer ministro, Presidentes y, luego, miembros del directorio de los bancos centrales del mundo. Esto ha motivado siempre la discusión sobre si debe haber intervención del regulador en la moneda, quién debe dictar la legislación, exigir su uso, fijar sus tasas de interés y controlar su emisión.

En el mundo se han intentado muchos métodos legales en los que el Estado no intervenga en la banca central; tenemos un ejemplo de eso en la legislación en torno a la autonomía aplicada en muchos países, en teoría, pero en la práctica pocos países lo han logrado. ¿Por qué el origen de este problema?, porque la institución más apetecida por los políticos es el dinero; controlar este factor les genera poderes mayores a los que cualquier ley les puede otorgar.

Recordemos que la mayoría del dinero tiene un origen fiduciario, por lo tanto, está a merced de los vaivenes del control político y de la confianza que genera en las personas que lo usan; es decir, las políticas macroeconómicas siempre irán de la mano del nivel de transacciones que se logren concretar con la moneda y esto determinará su uso–valor.

Es por esto que la demagogia tendrá un papel fundamental en los niveles de confianza y uso–valor del dinero, cumplir las promesas a los políticos les cuesta la seguridad y el valor futuro de la moneda. Hemos visto cómo países de nuestra región tienen serios problemas con sus monedas, Argentina, Venezuela y Bolivia, por ejemplo. No son problemas que se resuelvan con el discurso retrógrado de izquierda ni con llamados a expandir y radicalizar el socialismo, sino con acciones acordes a lo que el mercado y los individuos demandan.

Un acierto y un dolor de cabeza constante para Rafael Correa, en Ecuador, es haber mantenido la dolarización, una camisa de fuerza a la que se debe someter su impulsiva y visceral forma de gobernar; por más política de déficit fiscales que promueva, nunca la podrá cubrir con nuevas emisiones de dinero, tendrá que buscar fuentes de financiamiento, lo que lo obligará a dejar ciertos sectores de la economía en libertad, sin el control asfixiante del Estado, hoy son los chinos los que lo financian, pero mañana podría ser otro país u organización financiera internacional. Sus colegas en la región no han tenido esta camisa de fuerza y se han desbandado, emitiendo billetes y causando la respectiva inflación.

El dolor de cabeza de Correa es conseguir el financiamiento para sus promesas; el dolor de cabeza para sus colegas es tratar de controlar los tipos de cambio, la solución más lógica sería dejar de emitir, pero la demagogia y el pensamiento socialista les exige soluciones más creativas y represivas, que no tendrán efecto duradero alguno.

Cabe recordar que la moneda representa una de las propiedades primarias de las personas, es una de las instituciones más antiguas del mundo y su valor es una suerte de percepción psicológica de confianza, por lo cual siempre será el individuo el que asignará mayores índices de confianza en la que vea más sólida, sin importar el sentimentalismo llamado soberanía por los políticos; conservar el valor siempre será una prioridad para el individuo, ya que es fruto de su sacrificio, su tiempo y sus energías.

Para tener una moneda sana, lo más fácil para los Gobiernos es dejar de intervenir y que sea el mercado el regulador espontáneo, solo así se respetarán los índices y valores de confianza que los individuos le asignen a la divisa, ya que mientras más intervención exista habrá mayor desconfianza, pero para los políticos es una tarea difícil pedirles que no influyan a la moneda con sus decisiones. Es por lo tanto primordial para las economías latinoamericanas y mundiales caminar hacia un mundo de libre circulación, donde la oferta y demanda determinen cuál se usa con mayor cotidianidad en cada país, para así dejar de tentar a los políticos, y que solo tengan a los impuestos como arma para apropiarse de los esfuerzos ajenos.

La solución no es una moneda común, como en Europa, donde los déficit fiscales y la sobreemisión han generado la crisis actual de algunos países, el remedio propuesto es la libre circulación y libre elección del individuo sobre estas, solo así controlará el riesgo, interés, valor presente y futuro del fruto de sus esfuerzos y lo manejará según sus necesidades y bajo su absoluta responsabilidad.

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