SOCIEDAD

Mujer, ¿el sexo débil?: J. Enrique Cáceres-Arrieta

¿Quién no sabe que la mujer ha sido y es discriminada? En el hogar o en el campo laboral, ese precioso y especial ser llamado mujer es humillado y subestimado. La mujer es casi un cero a la izquierda en nuestra cultura machista y patriarcal. De ahí que muchas hayan optado desde tiempos modernos por una o más profesiones.

Dicho sea de paso, desde hace años las profesionales han estado haciendo mejor las cosas que los profesionales. Sin pasar por alto que la búsqueda de horizontes profesionales de las mujeres ha mermado los cimientos de la familia, pues los pequeños en su primera infancia precisan a mamá más que a nadie.

¿Has oído el refrán: “Detrás de un gran hombre, hay una gran mujer”? Aunque la intención del dicho es buena, es falso. Una gran mujer no está (ni debe estar) detrás (ni debajo) de un buen hombre, sino al lado. Nuestra palabra cónyuge procede del griego zugós, que significa uncir, enyugar, a dos al mismo yugo.

Notemos el machismo rampante de nuestra cultura: Perro es un hombre que engaña a su esposa; es un “vivo”. Mujeriego, pero bueno. Perra es la mujer que le es infiel a su marido. Una mala mujer. Zorro es un hombre audaz, astuto para negocios. Zorra es una cualquiera. Una prostituta. Ratón, entre nosotros, es un animalito. “Ratona”, una estrafalaria. Loco es un chiflado. Una “loca”, una cualquiera. Puta o prostituta denota una mujer que se acuesta con los hombres por plata. Prostituto es hombre famoso por sus aventuras amorosas. Casanova. Un donjuán. A la verdad, la infidelidad y la prostitución degradan la dignidad humana sin importar que las cometa el hombre o la mujer.

Se ha repetido hasta el cansancio que la mujer es el “sexo débil”; la débil de la pareja. La verdad es que hay más viudas que viudos. ¿Quién crees que trabaja más? ¿Un hombre o una mujer? Depende. Pero me inclino a pensar que la mujer, porque muchas no solo laboran en su trabajo, sino también en casa. Muchos hombres no lavan ni un plato en casa, porque se les cae la corona. Pueden ver a su mujer con la lengua afuera, pero no mueven ni un dedo para ayudarla. Ni siquiera saben preparar una mamadera, ponerle el pañal al bebé, cocinar un arroz. ¿Llevar el niño a la escuela? “Que lo haga ella”, expresan. ¿Sigues creyendo que la mujer es el “sexo débil”?

¿Te imaginas a un hombre encinta y tratando de parir? Si hay alguien flojo para el dolor, es el hombre. Cuando enfermamos, solemos ser un manojo de lamento y lloriqueo. La mujer en una relación sentimental traumática cae, se levanta y sigue para adelante, pues cría, educa a sus hijos y rehace su vida. El hombre, si no mata a la mujer, se refugia en el alcohol, las drogas, abandona a los hijos, utiliza a otras mujeres para cobrarse lo que “le hicieron”. Se vuelve un ocho. “Macho de arroz”, dice mi abuela.

Buena parte de las mujeres ha sido y es víctima de abuso en y fuera de casa. En el hogar, por razones económicas, tienen que soportar a un ca... que se cree dueño de ella y de la familia. De ahí mi sugerencia de que si no tiene hijos pequeños que atender, salga a trabajar y se independice emocional y económicamente del hombre. Si la maltrata, no debe dudar en denunciarlo, aunque la amenace. El perro que ladra casi nunca muerde.

Ser feminista no me enceguece para creer que no hay féminas a quienes el hombre no puede decirles “A”, porque responden de la “B” a la “Z”. Son groseras, irrespetuosas, provocadoras. Algunas insultan, humillan, gritan al hombre. Otras, le pegan. Otras más se ponen al nivel de malas palabras y actitudes del patán o iracundo. ¡Cuidado! No digo que el maltrato a la mujer se justifique ni “yo me lo merezco” (creen algunas), empero, “la blanda respuesta calma la ira. Mas la palabra áspera hace subir el furor”. La mejor canción de Julio Iglesias es A flor de piel. Allí, Iglesias canta, entre otras cosas: “Por ese silencio eterno con que tú calmas todas mis iras”. El hombre y la mujer no deben vivir airados. Si uno se aíra, el otro debe ser calmante, sosiego, paz, el terapeuta. ¿Qué pasaría si ambos gritan, se irrespetan y se cogen por las mechas? Pararán en el hospital, la corregiduría, el cementerio o la cárcel.

Estando en el sur del continente americano, viví con una pareja. Una mañana oí gritos y palabras de verdulero. La señora le gritaba e insultaba a su marido. El hombre calló. (Él era la otra versión de la canción de Julio Iglesias) No profirió palabra. “Como gotera en tiempo de lluvia, es la mujer rencillosa”, escribe Salomón. Hay de todo. Mas, obvio, muchos más son los maltratos sicológico, emocional, físico contra las mujeres que contra los hombres. Hombres iracundos y con celos patológicos asesinan a su pareja cada año, o la golpean a ella y a los hijos. ¿Y las autoridades? Bien, gracias. Cantinflas sostiene que nosotros los cogemos y ellos los encierran. Si acaso lo hacen. A menudo llegan tarde.

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