EL MALCONTENTO

Mulino, el demócrata: Paco Gómez Nadal

El tiempo es un sano justiciero. Pone las cosas en su sitio. Lo que las protestas sociales, las denuncias ante la justicia o las pruebas documentales no lograron, lo consiguió Gustavo Pérez con una sola frase. José Raúl Mulino renunció a su cargo como Ministro de Seguridad Pública y, seguramente, ha aprendido una lección: el poder te hace creer que tú formas parte de él, incluso, cuando solo te está utilizando.

Eso le pasa a los gerentes (CEO en moderno inglés empresarial) de las empresas. Los pobres se creen dueños del negocio, pero el accionista lo teledirige desde su yate en el Caribe, mientras él pone la cara y se la juega como si la empresa fuera suya. Los empresarios ingleses de la revolución industrial se inventaron esa figura y hasta hoy ha funcionado de maravilla. Lo mismo ocurre con los “patriotas” que entran a gobiernos mafiosos y autocráticos, como el de Martinelli, y que creen ingenuamente que su “sacrificio” será agradecido, porque ellos también son parte del poder.

Mulino ha debido aprender en estos días que el poder solo lo tienen los que son dueños de la plata o de las armas. Y él, pobre hombre de verbo y acción incontenida, no tiene ni lo uno ni lo otro en cantidades suficientes.

Durante dos años y medio, José Raúl Mulino ha sido la “mano dura”, el “rofiador”, el hombre “frío y sin sentimientos”, dispuesto a todo por justificar al jefe y sus decisiones delirantes. Aparece en todos los informes independientes como el autor intelectual de muchas de las violaciones de derechos humanos en el país, aunque, probablemente, las órdenes siempre partieron de Gustavo Pérez o del propio Martinelli. Pero él dio la cara. La peor cara.

Su renuncia no puede suponer un alivio para nadie. No lo hizo ante el asesinato de manifestantes ngäbe en Bocas del Toro o en la carretera Interamericana o cuando las fuerzas de seguridad dejaron quemarse a los muchachos del Centro de Cumplimiento de Tocumen. Tampoco lo hizo cuando Gustavo Pérez lo contradijo o le “robó” el presupuesto de la seguridad a favor de la Policía.

En realidad, el caso de Mulino es muy parecido al de Juan Carlos Varela: ambos tuvieron decenas de oportunidades éticas para renunciar y demostrar que son políticos dignos. Y ninguno lo hizo. A Mulino no le quedó otra que renunciar cuando a Pérez se le fue la boca, lo ninguneó en público y luego el presidente Twitter ratificó la “sentencia”. Varela ni siquiera llegó a ese punto, sino que esperó hasta ser “destituido” en las redes sociales (debe ser por eso que la penetración de esas redes en Panamá es tan alta: el Gobierno acontece en sus mensajes de 140 caracteres).

Cuando no les queda más remedio, los esbirros útiles del poder, los manzanillos de la política, se convierten en adalides democráticos, en furibundos críticos de quien antes era su amigo, socio, hermano, compañero de rumba y sueños.

Así pasará. Mulino ya ha calificado de antidemocrático a Gustavo Pérez (algo no muy revelador si se observa su conocido currículum). Tardará poco en hacer lo mismo con el presidente Twitter. Su credibilidad será nula (como es nula la de Varela cuando ahora fustiga al Gobierno).

Desde hace tiempo, unos cuantos ñángaras insufribles (entre los que me cuento) venimos denunciando la “militarización” del país. Ese proceso arrancó con los últimos decretos sobre seguridad firmados por Martín Torrijos, alias El Desaparecido. En ellos se le daba un poder inusitado al Servicio Nacional de Fronteras y no contaban que la administración Torrijos había tenido la asesoría y ayuda económica de Israel para adquirir sofisticados equipos de espionaje. Con Martinelli (aunque no lo haya anunciado por las redes), la nueva “política” se ha llevado al extremo. Senafront es un cuerpo militar de choque, hay bases militares en medio país con la ayuda inestimable de Estados Unidos, la Policía Nacional ya tiene equipos más modernos (incluidos los cacharros de dos ruedas, antes patrimonio de los mall, y los de cuatro, habituales de los niños ricos de playa) que cualquier institución del Estado.

Eso no se ha traducido en más seguridad, sino en más arbitrariedad, escándalos por uso excesivo de la fuerza, controles callejeros más normales en dictadura que en democracia (con el ilegal pele police en mano) y abusos contra ciudadanos desarmados. Gustavo Pérez ignora a los tribunales y a quien lo contradiga, dentro o fuera de la institución.

La semilla fue sembrada por Torrijos, regada por Mulino y fortalecida por Martinelli. Ahora, la pregunta es si se puede eliminar esta mala hierba o si se comerá el jardín. Yo me temo lo peor, pero yo soy El Malcontento. Mejor preguntémosle a Mulino, él sí que conoce el asunto al detalle y si él dice que Pérez “podría trastocar principios democráticos vitales” será por algo. ¡Ay!, pobre José Raúl... En su prematuro retiro no dude en asesorar a los bugoday para el próximo choque con Pérez y sus muchachos de gatillo fácil.

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