CONTROL MIGRATORIO

Nacionalismos y xenofobia, una visión equivocada

Hoy se habla mucho del nacionalismo, tal vez, por el alto número de inmigrantes que entra a Panamá, algo que genera preocupación en temas relacionados con la capacidad de carga de las instituciones de salud y educación que, históricamente, afrontan graves problemas para satisfacer la demanda nacional y que, ahora, los inmigrantes también reclaman.

Pero, ¿sabremos exigir mayor regulación migratoria sin caer en la xenofobia? y, directamente relacionado con esto, ¿podremos distinguir entre nacionalismo y fascismo? Entre estos conceptos hay una tenue línea que podríamos cruzar fácilmente si no los tenemos claros.

Veamos el tema de la entrada de venezolanos, cuyo comportamiento ha estado en entredicho. En días recientes se registró un acontecimiento en la Universidad de Panamá cuando un grupo de venezolanos opositores a su gobierno interrumpió un acto al que había sido invitado el embajador de Venezuela, dando como resultado un choque con los que sí apoyan al gobierno de Maduro. Tras el suceso, que corrió como pólvora en distintos medios, sobre todo en las redes sociales, se empezó a notar un aumento en el sentimiento antivenezolano.

Frente a lo acontecido, la respuesta ciudadana no fue exigir a las autoridades mayores controles de migración; tampoco una explicación de la condición en la que estos opositores se encuentran en el país, sino divulgar y promover la “insolencia de los venezolanos en casa ajena”, metiendo a todos en el paquete. Ante esto, me pregunto si el problema fue su afiliación político-ideológica, en este caso contra Maduro, su intolerancia política o su nacionalidad.

Al parecer, se confunden los temas. No se dibuja con claridad el discurso que se esgrime, y esto provoca sentimientos de “desprecio” que pudiesen llegar al “odio”, no contra un militante anti Maduro ni hacia un maleducado que se expresa mal de su anfitrión, sino hacia el venezolano en general. Hay voces que, más allá de aclarar el fenómeno, lo utilizan como propaganda política, apelando a un aparente nacionalismo que bien podría caer en la categoría de fascismo, por no entender en su justa dimensión el momento por el que se atraviesa o, peor aun, por simple oportunismo político.

Una cosa es el nacionalismo, antiimperialista, defensivo y no racista, propio de aquellos Estados débiles que defienden sus riquezas (económicas y culturales), siempre amenazadas por las políticas del imperialismo; y otra cosa es el nacionalismo chovinista y xenofóbico, cuya tendencia es abiertamente fascista.

El enfado no debe ser canalizado hacia los extranjeros, a fin de cuentas, la migración es un derecho. Nuestras molestias deben ser encaminadas a ejercer acciones, por la vía institucional, para mejorar los mecanismos de control que regulan la entrada de inmigrantes, y tener la seguridad de que el Estado está en capacidad de recibirlos y garantizar que mantengan un comportamiento digno, a la medida de quienes les abrimos las puertas.

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