URBANISMO

Un Napoleón III criollo: Roberto F. Gutiérrez H.

El proyecto nueva red vial de la ciudad de Panamá, llevado a cabo por el Ministerio de Obras Públicas (MOP), mejor conocido como Reordenamiento Vial de la Ciudad, que supone 23 intervenciones a un costo de más de mil 500 millones de dólares, es el que tiene al centro urbano de la ciudad y sus áreas aledañas de “patas pa arriba”, dicho en el lenguaje llano. Ni hablar de los inconvenientes económicos y sociales a la salud física y el bolsillo de todos y cada uno de los ciudadanos, tanto los que caminan como los que viajan en auto, quienes se desplazan en medio de los tranques que a diario se forman por toda la ciudad.

Ya en julio de 1959, el arquitecto Orlando Sousa lo advertía en un escrito que intituló: “El crecimiento de la ciudad de Panamá”, publicado en Letras de Panamá, y que muy técnicamente exponía las causas principales de lo que desde entonces se mencionaba como “desarrollo vertiginoso, pero desordenado” de la capital y cómo el Instituto de Vivienda y Urbanismo lo focalizaba.

Este escrito nunca ha perdido vigencia. O sea que, después de 53 años y de todos los parches puntuales que gobierno tras gobierno han llevado a cabo, aún seguimos viviendo el mismo mal. Si desde entonces la ciudad, ciudadanos y autoridades locales y nacionales, y su acción hubiesen tomado seriamente la solución del problema, planificando bien las cosas, “otro gallo cantaría”.

Lo que nos ha tocado vivir en la actualidad no tiene antecedentes nacionales, pero sí foráneos y de vieja data, por ejemplo, en 1852, Carlos Luis Napoleón Bonaparte, el autoproclamado Napoleón III –Segundo Imperio–, inspirado en el desarrollo urbano y paisajístico de Londres y del Palacio de Versalles, entre otras consideraciones, se propuso cambiar el trazo medieval de París por uno barroco, cónsono a sus aspiraciones y con el desarrollo industrial, la era de hierro y vidrio, y las políticas económicas que impulsó (el Canal de Suez, construido por Ferdinand de Lesseps).

Paradójicamente, no fue el modelo londinense el referente utilizado que da origen al ensanche de ciertas ciudades europeas y de América. Fue el plan del barón Haussmann, otrora prefecto de París, designado por Napoleón III, el que se impuso con la construcción de amplios bulevares y la fijación de un nuevo orden en la estructura compositiva edificatoria en sus componentes, base, cuerpo y corona sobre una misma altura unificadora. El metro de París aparece después, en el año 1900, con la inauguración de su primera línea, la de Vincennes.

Guardadas las proporciones de tiempo, espacio y actores, resulta que hoy día tenemos en la ciudad de Panamá similar situación, pero con resultados aún no muy claros tanto en la intención política que comporta, como en la urbanística, la que debe tener prioridad y proyectarse real y transparentemente.

El reordenamiento vial y la construcción del metro causan muchos inconvenientes. No obstante, no es mi preocupación. Mi preocupación como lo he subrayado en otros escritos, está más cerca del esbozo de Sousa por un lado y, por otro, por la ausencia de una política de Estado coherente que, regularmente, dé respuesta no solo al crecimiento de la ciudad capital, sino también, a las capitales de provincias y su desarrollo, libre de la inanición de autoridades locales y nacionales.

Ahora bien, el reordenamiento planteado es posible gracias a recursos financieros –léase deuda– que el Gobierno ha comprometido y a la sobreposición del mismo sobre la escuálida trama vial existente a costa de la pérdida de espacios públicos, de estacionamientos comerciales y de áreas patrimoniales, Panamá Viejo, y parte de su asentamiento humano sacrificado para “beneficio de todos”.

El reordenamiento vial y el Metro harán compatible el flujo de trabajadores del sector este y de San Miguelito con el centro de la ciudad, pero no nos sacará del Tercer Mundo. Tampoco evitará el desarrollo desordenado del área metropolitana al este y al oeste de ella. No evitará la falta de ordenamiento territorial de que adolece el país ni la falta de criterios de diseño que requiere el sistema vial nacional.

El reordenamiento vial aliviará ciertos problemas, pero nos dejará, igualmente, una ausencia de espacios abiertos y una serie de pasos elevados banales que terminarán, entre otras cosas, afeando el centro urbano de la ciudad.

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