ENSEÑANZA

La Navidad como un fenómeno de solidaridad: Alberto Valdés Tola

En el mundo contemporáneo de principios del siglo XXI la Navidad, como festividad humana, se puede entender y sentir de diferentes maneras. Para los cristianos, católicos y protestantes es una fecha de suprema importancia espiritual porque conmemora el natalicio de Jesucristo, quien es ejemplo de moralidad, sabiduría y salvación para todo cristiano. No obstante, para un sinnúmero de personas –aunque no ajenas del todo a estas creencias religiosas– es un tiempo para compartir, hacer regalos y ayudar a los necesitados.

Ahora bien, se trata de una festividad humana que pretende generar y consolidar una suerte de cohesión social y efervescencia colectiva, basada en la solidaridad. Esto no pretende nublar su evidente matiz económico –que es incuestionable– sino situar su significado antropológico, tomando en consideración que es un fenómeno sociológico, en el que miles de personas, cristianas o no, buscan la manera de regalar y ser solidarios con sus semejantes. Es posible alegar que la fiesta es económicamente factible para el capitalismo avanzado de la sociedad de consumo, pero no se puede desconocer su encanto místico y filosófico, que propone premisas axiológicas relevantes para la vida en sociedad. De manera que se convierte en un catalizador contra el individualismo que plantea el consumismo y la posmodernidad del siglo XXI.

A pesar de las posibles virtudes judeocristianas, la Navidad no deja de ser un fenómeno humano y, por ende, debe entenderse como una representación social en la que el hombre reconoce su herencia divina, por medio de la figura del salvador, al tiempo que se sensibiliza con la suerte de su prójimo o semejantes. Así, lejos de ser un ritual religioso, se transforma en un importante llamado a la perfección del ser humano y, sobre todo, a la búsqueda altruista del progreso y bienestar de la humanidad como especie.

Si bien las festividades nos permiten compartir en familia y con amigos, ya sea un momento de sano esparcimiento y diversión o, en el caso del creyente, para meditar las enseñanzas del salvador, en términos sociológicos supone un innegable empoderamiento solidario, en el que más allá de cualquier consideración religiosa, los seres humanos influimos en el bienestar de otros. Se crea un espacio temporal en el que el ser humano se transforma en artífice del bien común, fuera de otra consideración utilitarista. Esto es muy importante, porque cristaliza en los imaginarios colectivos la premisa humanista de que el hombre no solo es el centro del universo, sino el principal artífice de su propia felicidad y destino.

Celebremos las navidades, pero hagámoslo de la maneara más inclusiva posible, compartiendo y dando ayuda solidaria. No solo con los conocidos, amigos y familiares, sino con todos nuestros semejantes.

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