ESPERANZA

Navidades con María: Gloria Zúñiga de Preciado

El Evangelio de San Lucas nos presenta a la virgen María siempre dispuesta a escuchar, a meditar y a reflexionar sobre la voluntad de Dios en su vida. Cuando el ángel Gabriel le dijo: “Alégrate, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. Ahora vas a quedar encinta, tendrás un hijo y le pondrás por nombre Jesús. El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Dios altísimo descansará sobre ti como una nube. Por eso, el niño que va a nacer será llamado santo e Hijo de Dios”. Su respuesta fue sencilla, humilde y obediente: “Yo soy esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”.

Bajo este contexto no podemos olvidar en estas fechas su identidad de madre de Dios y madre espiritual de los cristianos. Tampoco, que legó para la eternidad el significado del sacrificio en nombre del amor y que al aceptar el reto, con alegría, nos anima a tener en cada Navidad un corazón limpio para ver a Jesús y recibir su gracia. Reflexionemos en ese sí confiado, que nos acerca, no a los comercios abarrotados, sino al pesebre del Niño Dios. Comunicarnos con él en medio de la gente, del ruido y del cansancio propio de esta época parece una tarea imposible, más aún en un mundo conflictivo, en el que imperan las guerras, la pérdida de valores, la obsesión por desintegrar a la familia y los asesinatos.

La profundidad de ese “Hágase tu voluntad” fue un regalo de esperanza a un mundo desesperado. La madre de Dios nos abrió la puerta para entrar en esa conversación silenciosa, profunda y amorosa a la espera de su hijo e hizo despertar la realidad humana con la presencia de él en nuestras vidas. Los hombres de buena voluntad llenos de espíritu de entendimiento, consejo, ciencia, temor de Dios y sabiduría agradecen a María ese “Hágase tu voluntad” que conserva en los corazones la alegría de amar a Jesús y compartirla con todos, en especial con nuestras familias.

Vivir la Navidad con María, es vivir en la esperanza, en el silencio, en la contemplación del misterio de Dios. Es vivir en la entrega a los demás, sentir la voluntad de Dios en nuestra vida, caminar hacia el Belén del amor. Es tocar de puerta en puerta los corazones de la humanidad, aunque parezca que no escuchan. Significa compartir el pesebre con los humildes y sencillos de corazón mientras escuchamos los cantos de alabanza que vienen del cielo, con la luz de la fraternidad y la misericordia. En representación de los niños que hoy sufren las guerras y las explotaciones en un mundo injusto, apretemos sobre nuestro corazón, como lo hizo María, a aquel niño que vino a salvarnos para amar y ser amado y llenarnos de amor y generosidad hacia el necesitado. En estas navidades llevemos la ofrenda de un corazón arrepentido ante el portal de Belén y pidamos la luz que nos muestre la voluntad de Dios como lo hizo María, para que la primacía del amor reine sobre la opresión, la corrupción, el hambre y el abuso de los poderosos.

¡Feliz Navidad!

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