CARNAVALES

El Niño y los culecos: Javier Barrios D.

El Niño y los culecos: Javier Barrios D. El Niño y los culecos: Javier Barrios D.
El Niño y los culecos: Javier Barrios D.

Cursando estudios de bachillerato en Las Tablas, oí hablar por primera vez de que en tiempos de sequías prolongadas se celebraban “rogativas”. Es decir, rezos y procesiones con el santo patrón de las comunidades, para pedir la lluvia (en 2014 las hubo). Si surten efecto o no, es cuestión de fe, lo que no se discute. Aclaro que en ese entonces desconocía el tema, porque las tierras altas del centro y oeste de la provincia de Los Santos (denominadas La Sierra) sufren menos los estragos de el fenómeno de El Niño, por eso, en Nuario (de donde soy oriundo) nunca fue necesario recurrir a las “rogativas”.

Las fuertes y constantes críticas por años al campesino santeño, por haber deforestado la provincia, revelan un total desconocimiento de sus motivaciones; de la denominada “cultura del potrero, pues esos críticos no comprenden que el ganadero requiere de la mayor cantidad de tierra con pasto; que los métodos o técnicas que emplea el santeño no son un invento suyo (fueron heredados de sus ancestros españoles), y que los gobiernos no les han enseñado que se puede ser ganadero y, a la vez, proteger las cuencas hidrográficas.

Además, aunque mal de otros no es consuelo de tontos, pareciera que estos desprevenidos e injustos críticos igual desconocen que todos los ganaderos de nuestro país por siglos y del mundo entero por milenios, han hecho exactamente lo mismo; pero que, debido a factores climáticos o porque están ubicados en tierras altas y tienen ríos muy caudalosos (Chiriquí, por ejemplo), sufren menos los rigores de las sequías; de allí que no sean objeto de ataques.

Ahora, algunas personas, ignorando las tradiciones y costumbres festivas tan arraigadas en Azuero (“exportadas” a otras provincias), solicitan que no se use agua en los culecos. Sin ser experto en estos temas, paso a emitir algunos juicios al respecto:

1. Tengo la percepción de que el río La Villa, que abastece de agua potable a la mayor parte de la población de las tierras bajas centrales de Azuero, tiene suficiente caudal y agua represada, como para que los culecos no supongan un serio problema. Además, al igual que todos los ríos este lanza diariamente al mar quizás tanta o más agua que la que se utiliza.

2. El Idaan debe tener (supongo) la capacidad para suplir de agua potable a la población (que se duplica en estas fiestas) y para los culecos. Las Tablas (desconozco si otros pueblos) reduce el problema, almacenando con antelación el líquido para los culecos en la piscina municipal. Además, la gente ya está acostumbrada a estas deficiencias temporales.

3. La potabilizadora de esta región es relativamente nueva y la red de distribución tiene menos problemas de fugas, comparada con la ciudad de Panamá; por tanto, el Idaan durante los carnavales genera ingresos adicionales y quizás hasta ganancias. Es más, debería –si no lo hace– cobrar una tarifa más elevada a los tanques cisterna y a las residencias durante esos días. El que quiere celeste, que le cueste.

4. Independientemente de que es incorrecto desperdiciar agua y que pueden presentarse problemas de suministro, las críticas y recomendaciones no deben olvidar que el desperdicio en la red de distribución en algunas ciudades (responsabilidad del Idaan) y el de los usuarios en general, supera con creces al de los culecos.

5. Como estos críticos asumen posiciones radicales, deben tener presente, como contrapeso, que estas fiestas tienen un gran impacto en la región y generan beneficios a muchas familias de escasos recursos y a pequeños y microempresarios que ven incrementadas sus ventas en esos días, por lo que se debería hacer un análisis de costo beneficio integral (social) que, de seguro, daría resultados netos positivos.

6. Por último, nuestro país tiene graves problemas de pobreza, corrupción y mal uso de todo tipo de recursos, que deberían llamar la atención de todos y no circunscribirnos a criticar y tratar de deslucir una fiesta que los panameños, principalmente, los santeños, tomamos muy en serio.

Los santeños somos fiesteros, pero muy trabajadores. Desde siempre hemos lidiado con las sequías, sin mendigar mayor ayuda del gobierno. Dejen que los niños (y adultos), con todo y El Niño, disfruten los carnavales, nos vemos en el parque Porras.

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