ALTO A LA CORRUPCIÓN

Odisea a la brasileña: José A. Friedl Zapata

Odisea a la brasileña: José A. Friedl Zapata Odisea a la brasileña: José A. Friedl Zapata
Odisea a la brasileña: José A. Friedl Zapata

“Donde hay poca justicia es un peligro tener la razón”, escribía Francisco de Quevedo. En agosto del año pasado publicaba en esta columna un artículo titulado Rousseff y los nueve samuráis, referente a la lucha titánica que llevaba adelante el joven fiscal federal brasileño Sergio Moro, junto a su calificado equipo que lucha contra la corrupción endémica que corroe al Brasil. El actual proceso de destitución de la presidenta y las graves acusaciones contra el líder Lula, no hubieran sido posibles sin la labor previa del fiscal y su equipo. Tengamos en cuenta que la justicia brasileña está actuando hoy en día en forma ejemplar, aplicando el artículo 85 de la Constitución en sus incisos 5, 6 y 7. Son falsas las acusaciones y mentiras de la presidenta suspendida, que habla de una confabulación en su contra, de un golpe.

El pueblo brasileño masivamente y en forma repetida la ha repudiado y presiona en las calles para que haya una limpieza política a fondo en la cúpula del país. En estas manifestaciones vemos desfilar imágenes de Dilma Rousseff y Luiz Inácio Lula da Silva con vestimentas de presos detrás las rejas y con carteles de pixulecos, que en Brasil es sinónimo de ladrón o delincuente. Pero la odisea política brasileña actual se hace aún más compleja porque los acusados son denunciados por una clase política que es, a su vez en gran medida, corrupta, siendo ya muchos de ellos investigados por la justicia, como fue el caso del expresidente de la Cámara de Diputados, que tuvo ya que renunciar. El final político de Brasil se presenta incierto y tumultuoso, mientras que el país está económicamente paralizado, el desempleo crece vertiginosamente y el descontento popular es cada vez mayor. Tengamos en cuenta que el índice de aprobación de la presidenta separada es actualmente de solo entre el 8% y 11%.

La caída de Rousseff se precipitó más en las semanas previas a su alejamiento del poder con la dramática renuncia de 10 de los 31 ministros que formaban su Gabinete y con una serie de traiciones de exaliados. Una de ellas tragicómica, como la del exministro de Comunicaciones Thomas Traumann, ex mano derecha de Dilma, conocido como el feiticeiro, o sea el brujo en lenguaje afrobrasileño, que participa en las reuniones más confidenciales del actual presidente interino Michel Temer, develando todas las manipulaciones y secretos, intimidades de Rousseff.

El juez Moro, días previos al proceso de destitución de Dilma, recibió la visita de su colega italiano Piercamillo Davigo, que vino al Brasil también a advertirlo de los probables trucos, trampas y recursos que podrían utilizar las mafias brasileñas para frenar el proceso de destitución en curso, desenmascarando los manejos corruptos del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula y Dilma. Davigo es el último juez activo de los procesos Mani Polite entre los años 1992 y 1994, época en la que se logró el encarcelamiento de mil 300 personalidades de la política y de la mafia italiana. Pero los trucos legales utilizados posteriormente hicieron que el pueblo italiano fuera perdiendo la esperanza de una limpieza viendo que tantos criminales quedaban impunes. Italia es hoy en día uno de los países más corruptos de Europa. Antes de regresar el juez italiano Davigo tuvo palabras muy elogiosas para con el equipo jurídico brasileño, expresando que este logró que la justicia y la ética sean hoy en Brasil tan importantes como la salud pública, la seguridad y la educación.

Davigo no dejó Brasil sin repetir una anécdota que le gusta utilizar, referente a su país y la corrupción. Un gobierno anterior de su país le declaró la guerra a una invasión de mosquitos transmisores de epidemias, decidiéndose una campaña de desinfección con DDT en todo el país. Una autoridad del Ministerio de Salud fue a inspeccionar una región del sur de Italia y al bajar del coche oficial en un pequeño poblado se vio envuelto por una nube de mosquitos. Le pregunta que molestó al intendente del lugar, era si es que habían fumigado ahí también, a lo que el funcionario respondió: “Sí, claro que sí, pero aquí los mosquitos ganaron”. Que no venzan los mosquitos contaminantes de corrupción en el Brasil, sino las instituciones democráticas, ¡ojalá! Y que los actuales inquilinos del poder sepan también autodepurarse.

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