OBSTÁCULOS EN EDUCACIÓN

¿Padres problemáticos?: Aramís Averza Colamarco

Durante todos los años que tenemos de escribir en La Prensa sobre educación, siempre hemos manifestado que el éxito del proceso educativo depende de la coexistencia pacífica y con respeto entre sus distintos componentes: los niños (lo más importante, sin ellos no hay escuela), los padres de familia, los docentes y los administrativos.

Una de las grandes quejas que hemos oído de parte de profesores y administrativos es la falta de interés de ciertos padres de familia en cuanto a involucrarse en dicho proceso; no visitan la escuela, no hablan con los profesores, no están pendientes de las tareas de sus hijos ni del desenvolvimiento escolar de estos y muchos ni siquiera van a buscar los boletines. Gracias a Dios, la gran mayoría cumple con los requerimientos económicos que la educación de sus hijos demanda. Obviamente, si este componente tan importante falla, se resquebraja el molde educativo en formación, lo que puede traer severos daños al mismo.

Pero este artículo es para hablar de otros padres de familia que cada día incrementan su número, aquellos que sí están pendientes de sus hijos, de su desarrollo académico, de sus interacciones con los profesores y administrativos, de sus evaluaciones matemáticas; en fin, aquellos que consideran que su responsabilidad consiste en ayudarlos, cuidarlos y, sobre todo, protegerlos.

Padres que se dan a la tarea de observar que sus hijos lleven todo lo necesario para su desenvolvimiento diario; que al retorno a sus hogares dedican tiempo a oír sus diferentes historias; que ante cualquier accidente acuden para proveerle los cuidados necesarios; que luego de alimentarlos los ayudan a cumplir con sus diferentes asignaciones; que al final del día escolar les permiten un rato de esparcimiento, antes de enviarlos a la cama.

Estos padres son transformados, rápidamente, por los docentes y administrativos, en los llamados “padres problemáticos”; apodo que se incrementa, en la medida que exijan los derechos de sus niños.

Cuando un docente insulta, le pega y fracasa a un niño injustificadamente o si un docente le arranca el examen de las manos a un niño, y el padre hace su reclamación a la administración del colegio para que interceda, con el fin de evitar problemas, de buen padre es encasillado como “padre problemático”.

Las consecuencias son contundentes, se retira la matrícula al niño, para salir del “padre problemático”. Incongruente, ¿verdad? En vez de mediar administrativamente y evaluar los reclamos en su justa dimensión, para lograr una solución, según lo que establecen las leyes, lo más fácil es encasillar a los padres, con sus consecuencias.

Todos somos diferentes, por lo que se esperan componentes buenos y malos, si un docente o un administrativo no cumple con lo establecido para desenvolverse, adecuadamente, dentro del sistema educativo ¿por qué los “padres problemáticos” y sus hijos deben sufrir las consecuencias?

Esto está mal y, lamentablemente, es un fenómeno que ocurre en más escuelas de las que quisiéramos.

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