COMUNICACIÓN

Palabras sencillas: Querube del Carmen Henríquez

He llegado a la conclusión de que las cosas se comprenden mejor si se dicen en palabras sencillas. Pero los seres humanos, por alguna razón que aún no llego a comprender del todo, gustamos de las complicaciones. He allí que incluso al comunicarnos, a veces seamos complicados.

Palabras sencillas son aquellas suficientes y precisas, para que un concepto, idea o noticia sea comprendido por quien nos escucha, nos oye o nos lee, sin que necesite de información adicional para captar nuestro mensaje (sin perjuicio de que a algunos les guste investigar y profundizar); o bien, que tenga que hacer desgastantes especulaciones para descubrir qué quisimos decir.

En palabras sencillas, los conocimientos y enseñanzas que pretende transmitir un maestro o profesor, serían eficazmente asimilados por los estudiantes. Mi devenir profesional me ha llevado a concluir que muchas de las cosas que me enseñaron en el aula de clase no eran tan complicadas como las hizo ver el profesor. Muchos conceptos, sin perjuicio de la carrera de que se trate, serían mejor comprendidos y, por consiguiente, mejor aplicados en el campo laboral si en el aula de clases se explicaran en palabras sencillas, se ilustraran con ejemplos de la vida diaria y se llevaran a la práctica mediante talleres o dinámicas de grupo; claro está, sin que ello conlleve desnaturalizar o tergiversar su finalidad o significado.

En palabras sencillas, los padres lograrían que su hijo entendiera mejor enseñanzas que consideren necesarias para formar su carácter. Mucho bla bla bla, a veces provoca que nuestros hijos se pongan en “modo desconectado” (sobre todo cuando se trata de adolescentes, piensan equivocadamente que “saben todo” y que los padres “solo quieren molestar”, (¿quién no pasó por esa etapa?). Con nuestros hijos, grandes y chicos, “lo menos es más” y el padre que más y mejor cree que habla, no necesariamente es el más escuchado.

Si la clase política empleara palabras sencillas, sin recurrir a la repetida retórica, empleada con el afán, también repetido, de impresionar o vender su propuesta, la población acogería mejor su intención, y se tiene mejor oportunidad de que la propuesta electoral cale. Para comunicar credibilidad no hace falta tanta palabrería, demagogia ni hacer alarde de un vocabulario ininteligible. La credibilidad o la falta de esta es producto o consecuencia de nuestros actos, según sea el caso.

En ocasiones, nuestro afán de impresionar a nuestros hijos, alumnos, a nuestros oyentes, lectores, interlocutores o a la comunidad, nos lleva por el sendero de una comunicación inapropiada, enredada y que no la entiende nadie; esto resulta en mensajes distorsionados, conocimientos transmitidos de manera errada e incompleta y enseñanzas deficientes.

Los invito entonces a comunicarse en palabras sencillas, dejando las complicadas en el diccionario ya que es allí donde deben estar.

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