DESIGUALDADES

El Panamá escondido: Carlos David Abadía Abad

Indudablemente que nuestro país está viviendo, desde hace ya un tiempo, una bonanza económica y estamos felices de este crecimiento. Lindos edificios, nuevos hoteles y restaurantes fabulosos, con una muy buena facturación. Los negocios, en términos generales, tienen buenos márgenes de ganancia. Pero todo este desarrollo se está quedando en un sector de la población, y todavía un porcentaje importante de panameños vive otra realidad.

Revisando las cifras del último censo, realizado el año pasado, vemos que hay otro Panamá escondido, que no se acerca en lo más mínimo al Panamá en el que creemos estar, del primer mundo.

De las 896 mil 50 viviendas que hay, 281 mil 421 tiene escusado de hueco, eso representa una de cada tres casas. Si a esto le sumamos que otras 34 mil 477 familias hacen sus necesidades en ríos, quebradas, montes o en el mar, el escenario es tétrico. Una de cada 10 casas tiene piso de tierra, caña, palos o desechos. Son 84 mil 635 las familias que viven en esta penuria; otras 147 mil 516 familias viven en casas con paredes de madera, quincha, zinc, palmas-pencas o caña o, simplemente, en casas sin paredes. Esto representan el 16.5% o, para que entendamos mejor, de cada seis casas, una no tiene paredes de cemento.

El 7.8%, o sea 70 mil 267 de las casas, no recibe el agua vía acueducto. 41 mil 318 de sus residentes consumen agua de pozo. Además, se contabilizó que 4 mil 711 familias se abastecen de agua de lluvia, otras 17 mil 646, de agua de ríos, quebradas o lagos, y los carros cisterna proveen a 6 mil 592 familias de este preciado líquido.

Para que tengamos una idea más clara de cuántos panameños están viviendo en el tercer o cuarto mundo, lejos de los malls y de la cinta costera, multipliquemos esos números por 4.1 personas, que es el promedio que compone una familia, según el censo (aunque lo más seguro es que en ese Panamá la cifra sea mayor), pero mantengamos ese promedio. 1 millón 153 mil 826 panameños hacen sus necesidades en escusado de hueco, y los menos afortunados, que ni eso tienen, suman 141 mil 355, más que toda la población de la provincia de Herrera; pero la población que no posee piso de cemento, que es de 347 mil 5, es igual a la población en conjunto de las provincias de Coclé y Herrera. 288 mil 94 panameños, lo que supera la totalidad de la población de la provincia de Colón, no pueden jactarse de que beben la mejor agua del mundo.

Todas estas cifras son señales claras y precisas de que estamos muy lejos de ser país del primer mundo, por más Ocean Trump o torre financiera que construyamos.

Los tres gobiernos anteriores, (exceptúo al del presidente Endara porque, gracias a la dictadura cívica militar, encontró un país que no tenía la menor condición financiera para enfrentar esto) han mirado para el otro lado de la acera. Han querido construir una casa con linda fachada, muebles de lujo en la sala, pero en la cocina las ollas están vacías y los dormitorios sin muebles.

Queremos ignorar este triste Panamá, pero ni siquiera tenemos que salir de la capital para verlo. Está ahí en Curundú, en El Chorrillo o en San Sebastián; ubicados a pocos metros del Panamá de primer mundo. Lugares que son una bomba social de tiempo, semilleros de la violencia y el caldo de cultivo de las pandillas.

Este gobierno tiene el reto, en estos tres años que le quedan, de iniciar la transformación de ese Panamá del tercer mundo; reorientando los recursos con buenas políticas. En donde el Estado ponga de su parte, pero la población beneficiada también brinde su aporte para que le demos valor a lo construido entre ambos.

Señores gobernantes, construyamos un país con bases sólidas. Si muchos panameños no tienen una vivienda digna, con acceso a los servicios públicos, lo que estamos edificando es un castillo de arena, que se derrumbará más temprano que tarde, poniendo el riesgo el futuro de los dos Panamá que tenemos ahora.

Los resultados del censo nos dan la información para saldar la deuda social que tenemos y que, en gran parte, heredamos de la dictadura y de los tres gobiernos anteriores. Si queremos ser el Singapur de América, tenemos que tener un solo Panamá.

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