CAMBIOS

Mi Panamá de hoy no es el de ayer: Didacio L. Camargo Gómez

En 1985, cuando cursaba el quinto año de bachillerato en el colegio Daniel Octavio Crespo, del distrito de Concepción en la provincia de Chiriquí, presencié junto a otros compañeros de aula la retención, arbitraria y violatoria, del doctor Hugo Spadafora por parte de agentes de las Fuerzas de Defensa, comandados por el exdictador Manuel Antonio Noriega. Ese mismo día, un viernes nublado que presagiaba un horrendo acontecimiento, se escucharon protestas en los medios de comunicación de la provincia, pese al control e intimidación que se ejercía en contra de la prensa panameña.

El citado acontecimiento, que evidenciaba lo que vivíamos y el futuro incierto que teníamos, me motivó a estudiar comunicación social, pues la valentía de algunos comunicadores me inspiraba a seguir sus lineamientos críticos y sin temor.

Comunicadores sociales, en especial colaboradores de La Prensa y, también, profesores de la Facultad de Comunicación Social de la casa de Octavio Méndez Pereira, en plena dictadura militar, no dejaron de inculcarnos la esencia y la importancia de la libertad de expresión; Wilfi Jiménez, Guillermo Sánchez Borbón, René Hernández, Osvaldo Gudiño Aguilar, (q.e.p.d) e Ileana Golcher, entre otros, nos guiaron con sus conocimientos y visión de país hacia el ejercicio del buen periodismo.

El periodismo se define como la actividad que consiste en recolectar, sintetizar, jerarquizar y publicar información de cualquier acontecimiento, con un ingrediente que para mí es primordial: la verificación obligatoria de la fuente; sin ello, la publicación dejaría de ser noticia, sería la percepción personal sobre un hecho del que se pretende emitir la “noticia”.

Recientes acontecimientos en el país que he logrado ver, escuchar y leer, me hacen pensar y creer que los comunicadores sociales se conforman con tener una sola parte de la información. Esto podría entenderse en un país en donde no existe la libertad de comunicar, pero en el nuestro sí tenemos tan precioso derecho y no se explica el porqué no hay un verdadero balance en las noticias.

Los tiempos de la dictadura quedaron atrás y, también, debieron quedar en el pasado aquellos dinosaurios ególatras que, como rémoras y amparados por un llamado partido político que solo decía “ordene el comandante que yo cumpliré”, absorbieron por años las mieles del poder, en detrimento de todos nosotros.

Afortunadamente, Dios nos dio la fuerza de defendernos y exigir la salida del dictador y su aliado político. Fue entonces cuando al unísono tocamos pailas, sonamos bocinas, levantamos pañuelos blancos y, con ferviente amor a la patria y a la democracia, se logró el objetivo; entonces hoy podemos decir y gritar a los cuatro puntos cardinales, viva la libertad de expresión, viva la democracia, viva Panamá.

Con mi ferviente convicción de ser panameño y ver todo lo que ha ocurrido en más de 20 años de vida democrática participativa, cierro este escrito recordando la célebre frase de Benito Juárez, “entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, por eso estoy convencido que mi Panamá de hoy es mejor que el de ayer.

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