ESPERANZA DE MEJORES DÍAS

El Panamá de ayer, de hoy y del futuro: Paulino Romero C.

Por un momento, recordemos cómo se comportaban antaño la Asamblea Nacional, los políticos y los servidores públicos. Los que asistimos, desde la barra, a la Asamblea presenciamos sesiones memorables por la índole de los temas tratados y el decoro de los debates; por el verbo elocuente de los tribunos, del que estaban desterrados los insultos; y por las figuras distinguidas que ocupaban las bancas.

En cuanto a la política, a pesar de que tenía las faltas propias de una democracia aún inorgánica, no dejaba de exhibir un cuadro de dirigentes que a su ilustración añadían relevantes prendas ciudadanas. Y por muchas que fuesen sus impurezas, esa política se hallaba exenta de la demagogia: no se halagaba ni corrompía al pueblo con dádivas inmorales ni promesas falaces.

A la función pública iban los mejores, moral e intelectualmente considerados, y los que contaban con antecedentes que eran garantía de buen desempeño. Se desconocían los negociados, el tráfico de influencias, el enriquecimiento ilícito de los gobernantes, y cuando alguna anomalía era descubierta, la condena unánime caía sobre el culpable. El funcionario o el político prevaricador no escapaba al índice acusatorio de la sociedad ni a la sanción de la ley. La corrupción no había adquirido estado público. Faltar a los deberes contraídos era un baldón de oprobio que condenaba a la muerte civil.

El país joven, volcado a un destino de grandeza, no era tampoco la ínsula del éxito fácil, de la aventura irresponsable. ¡Era, en fin, un país en el que algunos gobernantes iban ricos al poder y bajaban pobres! También era el Panamá donde los hombres de negocios y de empresa luchaban, como debe ser, por sacar adelante sus actividades, y los obreros, como es justo, por mejorar sus niveles de vida, pero sin supeditar los primeros la conveniencia general a sórdidas miras de rápido enriquecimiento, ni recurrir los segundos a huelgas y atentados para imponer sus reivindicaciones.

Conocidas son las dificultades políticas, económicas y sociales que han afectado por décadas a la Nación (particularmente entre los años 1983 y 2015). No obstante, el país mantiene intactas las fuentes de su vitalidad y pujanza. Se trata de problemas pasajeros, propios de una crisis de desarrollo y no de involución o retroceso. Hoy, Panamá se encuentra empeñada en recuperar el tiempo perdido y acrecentar su riqueza. Y no cabe duda de que lo puede lograr. Aumentará su producción agropecuaria e industrial; mejorará la calidad de la educación y la salud pública; aprovechará a fondo extensivamente sus ingentes recursos naturales; consolidará su prestigio de Centro Bancario Internacional; mejorará significativamente los salarios de empleados públicos y trabajadores en general; se afianzará el orden institucional, desaparecerán las perturbaciones sociales y renacerá la confianza.

El vertiginoso adelanto que se vislumbra, dependerá de la obra conjunta de la iniciativa privada, del capital del brazo extranjero asociados al esfuerzo del nativo; de la patriótica inspiración de los estadistas del siglo pasado, que abrieron la Nación al inmigrante y se preocuparon de crear dentro de ella un clima de efectiva libertad democrática, orden, garantías y respeto a los derechos esenciales de la persona humana.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

22 Nov 2017

Primer premio

3 5 1 5

BBAC

Serie: 13 Folio: 15

2o premio

4722

3er premio

5119

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código