FALSO PROGRESO

Panamá, la ciudad de plástico

En Panamá se está abusando de la explotación inmobiliaria. La cómplice permisividad de las autoridades ha descontrolado el crecimiento urbano, de tal manera que Panamá no es una ciudad, es un conglomerado de urbanizaciones en donde los principios de bienestar y de funcionalidad son soslayados.

Sin embargo, sorprende ver cómo se vende Panamá en el extranjero, como una gran ciudad. ¿Pero qué tiene que ver Panamá con auténticas ciudades como Barcelona o Curitiba? Nada. Una “gran ciudad” tiene resueltos temas básicos como la movilidad y un sistema de espacios libres, que Panamá tiene pendientes.

El hacinamiento de edificios insostenibles del desarrollo inmobiliario no resuelve estos problemas, sino que los empeoran. Pero la iniciativa privada per se no es mala, puede ser positiva, siempre que sea orientada y coordinada por las autoridades públicas, cosa que no ocurre.

Y no es que no tengamos profesionales del urbanismo capaces, sino que son usualmente ignorados. Simplemente, ejecutar planes urbanos con un carácter integral no es un negocio, lo que sí es negocio es recalificar zonificaciones lote por lote. Es una irresponsabilidad por parte del Municipio, amparado por el Ministerio de Vivienda.

Por otro lado, abusar de la explotación inmobiliaria como máximo motor del crecimiento económico, tal como está ocurriendo en Panamá, es peligroso, si no pregunten a estadounidenses y españoles, que viven sendas crisis económicas desencadenadas por inflar la burbuja inmobiliaria hasta explotar.

Las ciudades son una ventana de la sociedad, dicen mucho de su idiosincrasia. Si observamos a Panamá se puede ver en su paisaje urbano grandes rascacielos de lujo, importados del norte y desconectados de nuestro ambiente, testimonio de un deseo de aparentar lo que no somos. Esta es la máscara de Panamá, pero detrás de ella se pueden encontrar las “casas brujas”, bolsas de pobreza que la ciudad no quiere ver, pero que se hacen notar a través de la delincuencia; también se palpa un colapso vehicular, la falta de espacios verdes, etc.; son los verdaderos dramas urbanos que no se atienden eficazmente. Esta es la falsedad de nuestra urbe, y de un engañoso crecimiento económico, asociado al despilfarro energético y a una insostenibilidad urbana.

Pero se nos quiere dar a entender que construir unos cuantos edificios de lujo es progreso. Qué visión más superficial de lo que es progreso. Verdadero progreso, es planificar una ciudad con un modelo urbano definido, revertiendo el crecimiento económico en calidad ambiental y equilibrio social.

Nunca ha estado tan vigente la canción de Rubén Blades que reza: “era una ciudad de plástico, de esas que no quiero ver, de edificios cancerosos y un corazón de oropel...”. Panamá no es una ciudad, es una ciudad de plástico que necesita poner los pies en el suelo y aterrizar su falso progreso.

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