CULTURA

Panamá, sin espejos donde mirarse: Gerardo Neugovsen

Los espejos son objetos mágicos. Solo sirven si uno los mira y busca en ellos el reflejo de quienes somos. Los espejos también son tiranos. Las imágenes que nos devuelven no mienten y nos describen tal cual somos. Haga usted la prueba y párese frente a un espejo mirando por un largo rato sus propios ojos. Encontrará allí la historia de su familia, las horas de infancia, las alegrías y tristezas que parecían perdidas, su primer día en la escuela, la partida de alguien querido... Alégrese: se está encontrando con usted mismo, con los acontecimientos de su vida que le han moldeado para ser quien es hoy.

Sorprendente ¿verdad? Ese individuo parado frente al espejo tiene nombre, apellido, cédula de identidad y una historia única, propia, la suya. Y así volvemos a recordar, una y otra vez, quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde podemos ir. Salimos a la calle seguros de nosotros mismos, de habernos reconocido nuevamente en el espejo del baño. Esto nos da tranquilidad, porque así vamos dándole forma a ese gran desconocido que es el futuro, gracias a que sabemos quiénes fuimos en el pasado.

Ahora imagine que no hay espejos ni superficies brillantes que nos devuelvan nuestra imagen. Imagine que cada mañana antes de ir a trabajar usted tiene que volver a recordar cuál era su rostro y su apariencia, de qué color son sus ojos y cuál es el tamaño de su nariz. Imagine, entonces, que llega a su trabajo y nadie sabe su nombre ni quién es, ni por qué está ahí. Nada hay que pueda demostrar que usted es usted, porque usted no sabe quién es. El futuro así será siempre una amenaza.

La cultura es el espejo en el que la sociedad se mira a sí misma para saber de dónde viene y hacia dónde puede ir. Muchos pueblos en la historia han padecido exilios, persecuciones y diásporas: los hebreos, los gitanos, los afrodescendientes, entre tantos otros. Pero no importa dónde estén, ellos saben quiénes son porque llevan consigo el espejo de la cultura. Y cada día vuelven a narrar aquellas historias que les devuelven su propia imagen. No por nada las primeras acciones de cualquier tiranía en la humanidad se relacionan con la destrucción de los bienes culturales. “Rompo todos tus espejos para que no sepas más quién eres”, parece ser la consigna.

La palabra cultura deriva de la palabra cultivo, lo que nos dice que cuidar los espejos de la propia identidad es una acción viva, dinámica, que cambia y evoluciona todos los días, hora tras hora. Hacer políticas culturales es mucho más que tomar una fotografía y guardarla cuidadosamente en un cajón, así como se guardan los objetos en un museo polvoriento. Somos seres que cambiamos minuto a minuto. La foto de ayer ya no refleja el ser que soy ahora ni que seré mañana. En cambio, los espejos sí nos acompañan en esos cambios, evolucionan con nosotros. Y así deben ser las políticas culturales en un país.

En Panamá, el Instituto Nacional de Cultura (Inac) es la entidad oficial encargada de cuidar y dirigir la salud de los “espejos” que narran quiénes son y de dónde vienen los habitantes de este maravilloso territorio: los museos, las bibliotecas, las salas de espectáculos, los espacios públicos, los archivos y todas las tradiciones y modos expresivos que tiene este pueblo. Pero solo hacer eso sería igual que tomar una fotografía y guardarla en un cajón para preservarla. El Inac también tiene la responsabilidad de ayudar a escribir el futuro de la historia. Eso se llama diseñar políticas públicas culturales activas, que deben acompañar los cambios sociales y económicos de una sociedad, otorgándole a la cultura el papel que le corresponde en el desarrollo. Los argumentos de que la cultura es un gasto y por eso no es prioridad presupuestaria han quedado largamente superados, toda vez que se ha demostrado que el sector cultural es uno de los dinamizadores económicos más potentes y estables en la actualidad. En septiembre, durante el Proyecto Trama, en la Ciudad del Saber, tendremos en Panamá la visita de renombrados especialistas de diversos países que demostrarán la veracidad de estas palabras.

Por eso, quienes tienen la responsabilidad de llevar adelante las políticas públicas en Panamá deben entender que toda opción que no considere a la cultura como uno de los ejes estratégicos del desarrollo, significa dificultar el crecimiento como nación. Implica dejar al pueblo panameño sin espejos donde mirarse.

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