ADECENTAMIENTO

¿Un Panamá pospartidario?: I. Roberto Eisenmann, Jr.

Ante el vulgar saqueo al tesoro nacional perpetrado por funcionarios del gobierno pasado, la gran mayoría de panameños, conformada por ciudadanos preocupados por su país –aunque no desean alinearse a ningún partido político, está dispuesta a ejercer su poder. Son políticos institucionales, no partidarios... y son una fuerza vigorosa con combustión. No son de derecha ni de izquierda, ni liberales, ni conservadores, ni ricos, ni pobres, ni de la clase media; son, simplemente, ciudadanos trabajadores y decentes que están disgustados y frustrados con los políticos partidarios, con sus partidos y con la indecente corrupción que ha aflorado.

Todos tienen el deseo ciudadano de “retomarse el país” y reformar todo lo necesario para eliminar el privilegio, la exclusión y la impunidad, y volver a la democracia participativa, la honradez en el servicio público, la justicia... y el patriotismo.

Son ciudadanos convencidos de que la política es demasiado importante como para dejársela a los partidarios. Piensan que el más importante pacto de gobernabilidad tiene que ser con la ciudadanía.

Esta mayoría de ciudadanos –políticos no partidarios– tiene hoy la mecha mucho más corta, y puede explotar en cualquier momento. Ejemplo de esta posibilidad de explosión podría ser que en el caso Moncada Luna los diputados votaran no según las evidencias, sino según su “línea partidaria” y pensaran “aquí no pasó nada”... ¿Que no pasó nada? ¡Jueguen con candela y verán!

Otra sería que los ladrones que se compruebe que han robado decenas de millones de dólares, sigan libres.

¿Qué quieren estos ciudadanos no partidarios? Quieren ver a los ladrones de cuello blanco y a sus banqueros presos, y que lo robado vuelva a la tesorería del Estado. Quieren reformas electorales que eviten lo ocurrido hace poco, y que estén sesgadas hacia los candidatos independientes. Quieren reducir el absurdo presidencialismo. Quieren participar en el proceso para elegir contralor, procurador y magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Quieren una proporción importante de diputados nacionales en la Asamblea. Quieren que los ciudadanos –todos– puedan votar en “primarias abiertas” de los partidos. Quieren la ejecución de la descentralización para acercar los gobiernos a los gobernados, y diseminar el poder.

En su discurso de despedida, George Washington –primer Presidente de la ejemplar democracia de Estados Unidos– advertía: “Los partidos políticos pueden convertirse en potentes motores por medio de los cuales hombres ambiciosos y sin principios pueden subvertir el poder del pueblo y usurpar las riendas del Gobierno”.

Esta advertencia es valedera en nuestro Panamá de hoy. Veamos: el Partido Panameñista en el poder –aun con una presidencia decente de Varela– se someterá al desgaste natural de su ejercicio en un país en el que –por fortuna– nuestro electorado no acepta la reelección. Cambio Democrático no es realmente un partido sino un conglomerado de delincuentes (CD), cuyo propósito único era secuestrar la democracia y saquear el tesoro nacional. El PRD está muy dividido, y secuestrado hoy por un grupo cuya prioridad parece ser el beneficio económico que pueda producir el poder absoluto partidario. La izquierda radical no sacó los votos ni de los miembros de su sindicato base, desapareciendo legalmente. El Partido Popular, un valioso esfuerzo de respetados ciudadanos, valientes y eficaces en oposición, ha sido muy pobre en el ejercicio del poder y se le ve hoy como un pequeño grupo oportunista sin mayor liderazgo futuro. El Molirena también fue secuestrado por el grupo delincuencial y ahora, bajo una nueva presidencia, procura volver a unificarse con un débil parcheo.

Sin lugar a dudas, los partidos son un requerimiento de la democracia, pero el cuadro partidario del país es desesperanzador.

Así las cosas, siento que hay que reconocer que, desafortunadamente, los partidos se han convertido en meros instrumentos requeridos para la representación electoral y, por ende, hay que democratizarlos más, incluso abriendo sus primarias a todo el electorado para airearlos y asegurar candidaturas más acordes con las necesidades del país.

Hay que reformar las leyes electorales para que el uso de los dineros sea transparente; que los independientes tengan opciones verdaderas, incluso permitiendo la inscripción partidaria a través de las redes sociales (ejemplo “Podemos”–España) y se prohíba la participación en elecciones a aquellos que violan las leyes electorales.

¡Ese podría ser el Panamá pospartidario: uno participativo que ofrezca oportunidades a esa mayoría de ciudadanos que hoy sufre de disgusto y frustración con los políticos partidistas tradicionales que han abusado de –y amenazado– nuestra democracia!

P.D. ¡Acudamos todos este domingo, desde las 7:30 a.m., a la cinta costera frente al Hilton! ¡Lograr que retorne la decencia y honestidad está en nuestras manos!

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