Paramilitares asesinan y saquean

Los paramilitares llegaron, impusieron la ley, minaron la zona y regresaron a Colombia

Cerca de una decena de moradores panameños de Paya avistan el helicóptero en el que viajaban miembros de La Prensa, y levantan sus brazos en señal de socorro, tras el sangriento ataque de las fuerzas paramilitares colombianas.  Cerca de una decena de moradores panameños de Paya avistan el helicóptero en el que viajaban miembros de La Prensa, y levantan sus brazos en señal de socorro, tras el sangriento ataque de las fuerzas paramilitares colombianas.

Cerca de una decena de moradores panameños de Paya avistan el helicóptero en el que viajaban miembros de La Prensa, y levantan sus brazos en señal de socorro, tras el sangriento ataque de las fuerzas paramilitares colombianas.

Al cabo de un minuto de haberse posado en tierra la aeronave, las víctimas salen al encuentro de los periodistas y reporteros gráficos para contarles la odisea que vivieron. Al cabo de un minuto de haberse posado en tierra la aeronave, las víctimas salen al encuentro de los periodistas y reporteros gráficos para contarles la odisea que vivieron.

Al cabo de un minuto de haberse posado en tierra la aeronave, las víctimas salen al encuentro de los periodistas y reporteros gráficos para contarles la odisea que vivieron.

La víctima, que porta la bandera panameña, narra, entre sollozos, cómo los paramilitares llegaron al lugar, mataron, saquearon, minaron la zona y se fueron. La víctima, que porta la bandera panameña, narra, entre sollozos, cómo los paramilitares llegaron al lugar, mataron, saquearon, minaron la zona y se fueron.

La víctima, que porta la bandera panameña, narra, entre sollozos, cómo los paramilitares llegaron al lugar, mataron, saquearon, minaron la zona y se fueron.

Otro de los humildes panameños de Paya muestra a la reportera gráfica una prenda de vestir ensangrentada de una de las víctimas de estos grupos irregulares colombianos que entraron a territorio panameño. Otro de los humildes panameños de Paya muestra a la reportera gráfica una prenda de vestir ensangrentada de una de las víctimas de estos grupos irregulares colombianos que entraron a territorio panameño.

Otro de los humildes panameños de Paya muestra a la reportera gráfica una prenda de vestir ensangrentada de una de las víctimas de estos grupos irregulares colombianos que entraron a territorio panameño.

Juan Garrido, un poblador de Paya, informó que los residentes se encontraban celebrando el cumpleaños de unos de los familiares del cacique Ernesto Ayala. “Estábamos tomando chicha fuerte, cantando y bailando, cuando a eso de la una de la tarde del sábado 18 de enero, un grupo de hombres armados, con las caras pintadas de negro, con guantes azules, botas de plástico, pantalones militares y con la bandera de Colombia en sus camisas y las iniciales de los 'paras' rodearon el pueblo”, narró.

De inmediato los “paras”, dijo Garrido, exigieron la presencia de los caciques y del comisario del pueblo. Se los llevaron a un lugar apartado y luego “escuchamos una ráfagas de balas”.

Indicó que “los hombres armados entraron a los ranchos tomaron toda la comida, gallinas, cerdos y un poco dinero que teníamos y se lo llevaron. Alguno de nosotros intentamos hacerle frente con arcos, flechas y maderas, pero los 'paras' nos apuntaron con sus armas y nos obligaron a retroceder”.

Además, añadió, “el que parecía su jefe nos dijo: 'no tenemos nada contra el pueblo, pero sí contra algunos de ustedes que ayudan a los guerrilleros y a esos vamos a darles un escarmiento'” .

Roberto Ayala, el maestro del pueblo, explicó, por su parte, que por lo menos de tres a cuatro veces por año algunos miembros de Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) entran al pueblo para acampar, comer, y descansar y no molestan a los pobladores. “Nos tratan bien y nosotros los dejamos entrar sin problemas”, remarcó.

Sin embargo, Pablo Cuture, otro residente de Paya, afirmó que los “paras” “piensan que nosotros somos colaboradores de los guerrilleros y por eso nos atacaron y eso nos coloca entre la espada y la pared”.

Cuando los insurgentes colombianos abandonaron Paya colocaron explosivos a los largo del sendero para facilitar su huida. Los cadáveres de Ernesto Ayala, San Pascual Ayala y Luis Martínez fueron dejados abandonados en una quebrada a unos 20 minutos del pueblo.

Luego se trasladaron a Púcuro, una aldea vecina a una hora camino. En el grupo se encontraba Gilberto Vásquez, el cacique de Púcuro detenido por los insurgentes en Paya, que luego fue asesinado de un disparo en la cabeza cuando los “paras” llegaron a esa aldea y la encontraron vacía. Además quemaron varios ranchos.

En tanto, Víctor Alcázar, residente de Boca de Cupe, confirmó que horas antes del ataque a Paya y Púcuro, la misma columna de paramilitares lo tomó prisionero junto con dos estadounidenses y un canadiense que lo habían contratado para servirles de guía en una expedición por la selva del Darién para un reportaje televisivo.

Señaló Alcázar que tan solo unos kilómetros después de haber pasado por Paya, el sábado 18 de enero, fueron interceptados por un grupo de 50 paramilitares que tomaron prisioneros a los extranjeros y le exigieron a él que los llevara de nuevo hasta Paya.

Afirmó que un grupo se quedó con los prisioneros extranjeros y el resto se dirigió hacia Paya. Luego de atacar la población, también fue obligado a caminar con ellos hacia Púcuro, pero al llegar a este último poblado aprovechó una escaramuza y se evadió de sus captores y pudo retornar a Boca de Cupe y dar aviso a las autoridades de lo ocurrido.

En tanto, unos 600 pobladores de Paya y Púcuro lograron llegar hasta Boca de Cupe, distante a unas dos horas de camino, donde se refugiaron en campamentos improvisados que implementó la Policía Nacional.

Por otro lado, la Policía intentara llegar este martes a Paya para rescatar los cuerpos de las personas asesinadas. Sin embargo, se conoció que se esperaba la llegada de un grupo de explosivistas que tendrán la labor inicial de limpiar el camino de las minas colocadas por los “paras”.

En Boca de Cupe existen unas 500 unidades policiales que se han apertrechado y que se movilizarán hacia Paya, tres días después del ataque.

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