LOS MEJORES CANDIDATOS

¿Partidos o enteros?: María Nelly Broce de Figueroa

¿Qué cosa, no? Llamar a las agrupaciones políticas partidos, ¿a quién se le ocurriría? ¿Por qué no los llamaron enteros políticos? El término apareció en el siglo XIX en Europa y en Estados Unidos, al mismo tiempo que el nacimiento de los parlamentos.

La acepción de partidos, según el Diccionario Enciclopédico Salvat, se refiere a grupos estables de personas que comparten una idea, principios o normas, cuyo objetivo es alcanzar el poder político de la nación, también señala coligación entre los que siguen una opinión o intereses, prever ventajas o conveniencias. ¡Zas, ahí está la razón!

La definición de enteros, según la misma fuente es, a mi entender, más coincidente con términos como: cabal, cumplido, sin falta alguna, robusto, recio y justo. Si partir es dividir y entero es coaccionar, hubiera preferido decir que pertenecía a un entero político, porque en definitiva pertenecer a un partido coligando con personas por intereses, por buscar ventajas, por conveniencias, no es lo que nos mueve a los panameños en esta difícil etapa.

Así como este no es un tratado sobre semántica, lo dejaremos allí, para adentramos en el tema central de este modesto aporte que define el primer punto de un artículo publicado en La Prensa (jueves 4 de abril), en el que conminaba a los partidos políticos para que, en el cumplimiento de sus responsabilidades y la justificación de su existencia, elaboren y divulgen una tabla de criterios que permita a los directivos y a los ciudadanos de a pie, evaluar y calificar a quienes pretenden postularse para cargos de elección popular.

La tabla de criterio puede tener tres columnas: características, testimonio y puntaje. La primera incluiría moral y ética; experiencia en administración pública o privada; formación académica o técnica; vocación política; conocimiento en materia electoral; orador destacado. La segunda contemplaría evidencia de una vida honorable y honrada; muestras de éxito, iniciativa, eficiencia; bachiller, licenciatura, magíster, doctor; participación, conocimiento de los problemas nacionales; claridad de pensamiento y facilidad de expresión.

Esta evaluación, a la que cada quien puede agregar su puntaje, debe enriquecerse con otra que recogería datos que surjan de la participación en paneles de televisión, radio, artículos, y en los debates públicos para Presidente que deben ser bien programados, con la participación y la orientación de medios de comunicación, el Tribunal Electoral, los partidos políticos y las agrupaciones cívicas. Otros datos y detalles pueden resultar de interés para el criterio de los electores, valores cívicos, comprobados o comprobables, conocimiento del mundo que le rodea (Presidente, legisladores y alcaldes urbanos), conocimiento de las leyes y sus funciones, evidencia de su capacidad para trazar metas realizables, espíritu conciliador, iniciativa, inteligencia creativa (se puede medir hasta en la propaganda). Ellos no tendrían que repartir ni piernas de cerdo, ni ajo, ni planchas, ni autos, ni peluches... Los juega vivo recibirán los premios, pero al estar frente a la cajita de cartón en el recinto de votación, otro gallo cantará. Los ciudadanos íntegros votaremos como debe ser.

Si juzgamos cómo votarán en general los ciudadanos, no hay más que oír la forma en que se expresan las víctimas del nuevo transporte público, quienes agradecen el aire acondicionado, pero echan de menos a los “diablos rojos” y critican a quien les prometió “ahora los padres pasarán más tiempo con sus hijos”. No es que se añore a “los que gobernaron y no hicieron nada”, es que anhelábamos que quienes alcanzaran “el solio presidencial” (como decía alguien a quien aprecio por su lealtad) tuviera la capacidad de cambiar las cosas sin tantos traumas y sin enredarnos en esta vorágine que ha llevado a la población de la miseria (sin agua potable, rodeados de basura y aguas negras) a la desesperación.

Reconocemos que no todo se puede prever, pero un poco de planificación racional y lógica habría rendido los frutos que se esperaban, sin tener que pedir a los sufridos usuarios de los servicios públicos, cada vez, “dos semanas más de paciencia” ante las carencias, las injustificadas improvisaciones en el transporte, la recolección adecuada de desechos y tolerancia para los contratos raros y los negocios inexplicables.

La información que emane de la tabla de criterios nos dotará de elementos a los electores para escoger a los mejores candidatos que aseguren la convivencia pacífica, el respeto a los valores y derechos humanos y democráticos. Corresponderá a los medios de comunicación crear los espacios que permitan recoger nombres de ciudadanos honorables y capaces dispuestos a participar. La divulgación a las agrupaciones cívicas corresponderá por legítimo derecho y por su voluntad comprobada de servir, porque cuentan con las estructuras y la organización para realizar con éxito esta iniciativa. Si realmente nos disponemos a apoyar a los buenos candidatos independientes o de partidos, seguro que dejaremos de caminar sobre las brazas. Todos, con un cambio de actitud interior, tenemos el compromiso de dar una nueva oportunidad para el éxito de la nación. ¡Ahora sí le toca al pueblo!

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