POLÍTICA CULTURAL

Patrimonio Mundial de Panamá: Orlando Acosta Patiño

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Ante la ausencia de una voz oficial que informe sobre el alcance de los compromisos de Estado frente al sitio Patrimonio Mundial Panamá, extraigo datos interesantes provenientes de la página de la Unesco (http://whc.unesco.org/en/list/790/documents/). Debido a la complejidad de estos, solo hablaré de los acuerdos reconocidos por el país, que fueron objeto de una visita técnica de alto nivel el año pasado, y cuyos resultados también están disponibles en el referido sitio web. Invito a los interesados a que ingresen al vínculo.

De esa información se desprenden compromisos sobre los límites del sitio patrimonial y otros relacionados con su administración, en particular con los planes de manejo. El Estado parte, es decir Panamá, a través de la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico del Instituto Nacional de Cultura tiene hasta el 1 de febrero de 2015 para presentar ante las instancias de la Unesco la información que se le solicitó.

La última reunión del Comité se realizó en Qatar (junio de 2014), pero el caso de Panamá no se discutió. No obstante, en Cambodia (junio de 2013) el Estado parte, Panamá, se comprometió a remitir en la fecha señalada la información con los nuevos límites del sitio de Casco Antiguo. Se sugirió excluir a la cinta costera III, para evaluar la permanencia de los valores universales. Así se consignó en el informe de la misión.

La propuesta de “nuevos límites” le permitirá a las instancias técnicas de la Unesco revaluar las implicaciones de las modificaciones y no desvirtuar los valores universales del sitio. Parte del alcance fue analizar el impacto de la exclusión de la vía Cincuentenario de los límites del Sitio Arqueológico de Panamá Viejo. Destaca que en septiembre de 2013 se aprobó un plan para la administración del sitio, que incluye una aproximación territorial, y define estrategias, objetivos y planes sectoriales tendientes a mejorar los esfuerzos de conservación.

Entre los compromisos de Panamá está el de asignar recursos –técnicos, financieros y humanos– para garantizar su ejecución.

Valga explicarle a los menos avezados en estos temas patrimoniales que la inscripción de Patrimonio Mundial incluyó el Sitio Arqueológico de Panamá Viejo y el Centro Histórico, que especialistas y estudiosos consideran como parte del mismo asentamiento al que se le reconoce protagonismo en los procesos de comunicación interoceánica y transístmica, y de comercio a través del Istmo. Ambos representan esa historia de alcance universal relacionada a los eventos que incluyeron la fundación del primer asentamiento a orillas del Pacífico.

Por lo anterior, el Comité de Patrimonio Mundial analiza los temas relacionados a su estado de conservación y administración desde el año 2008 hasta el 2013. La agenda administrativa y técnica vinculada al sitio patrimonial es compleja y contempla términos temporales definidos. El ejercicio técnico es indispensable, pues como todo proceso de planificación que involucra dimensiones territoriales, sociales, económicas y patrimoniales, busca entender “el asunto” –punto clave– y la continuidad de la gestión. No hay tiempo ni espacios para malgastar.

Frente a lo expresado, surgieron discusiones en las redes sociales y los medios impresos –incluyendo a la oficialidad– que justificaban, o no, la pertinencia de aplicar normas para regular la publicidad y la pintura en la fachada de los edificios del Casco Antiguo. Esto desvió la atención del tema medular en cuanto a los compromisos del Estado.

La prioridad pública de la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico pareciera exhibir un viso de ignorancia y, por qué no decirlo, sesgado por intereses no declarados.

La Dirección parece andar sin brújula, perdida entre los árboles, en vez de estar preocupada por el bosque. Parafraseando a los expertos en el tema, “el trabajo que se tiene por delante no es poco. A esto se le debe sumar el informe sobre Portobelo y San Lorenzo...”. Creo que hay bastante trabajo por delante, pues la tarea es ardua y los plazos son cortos.

Urge dedicar la inteligencia, la energía y los recursos a lo medular. Los cacahuates que se los coma el mono. Seamos responsables y consecuentes con una política cultural que exhiba coherencia, fuerza, transparencia y contenido. Panamá y la administración de los sitios patrimoniales merecen respeto y compromiso, y la sociedad civil exige respuestas.

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