PEDIR PERDÓN

¿Penitencia o qué?: Jorge Sarsanedas del Cid

En las iglesias se nos invita, sobre todo en este tiempo, a la conversión. Me gustaría comentar la Ley 11 (antes proyecto 415) que, supuestamente, sirve para resolver el problema indígena planteado en los últimos meses, pero creo que hay que hacer algo previamente. Propongo un camino muy tradicional dentro de la iglesia: la reconciliación.

¿Qué exige la Iglesia para que se realice este sacramento? Según me enseñaron a los siete años: examen de conciencia, dolor de corazón, propósito de cambio, declaración de los pecados y satisfacción con obras.

Primero, examinar, lo más objetivamente posible, lo que ha sucedido últimamente, sobre todo con relación a los pueblos originarios de Panamá.

Los indígenas se hartaron de ser engañados, burlados, humillados, echados a un lado y... empezaron a protestar con fuerza. El Gobierno, en vez de dialogar, ignoró, burló, mintió, dividió, desinformó. En vista de que eso no resultaba, amenazó, reprimió, violó mujeres, asesinó. Medió la Iglesia y se vio obligado a sentarse a dialogar. Esos son los hechos. No son nuevos. Lo mismo sucedió en febrero de 2011 y en julio de 2010. Pero también hay que señalar que algunos panameños mostraron su “lado” profundamente racista así como otros fueron solidarios.

Segundo, sentir dolor, no solo de palabra, sino de corazón. ¿Quién del Gobierno ha expresado “su dolor” por lo sucedido? ¿Quién ha pensado que realmente hay mucho racismo en nuestras instituciones, formas de pensar, modos de enseñar? Lo sucedido, ¿nos ha llevado a cuestionar el sistema educativo marginador que tenemos? ¿Nos ha llevado a pensar lo desesperante que debe ser perder un familiar por protestar por algo justo? ¿Hemos pensado lo que significa quedar ciego o tuerto por reclamar justicia? Somos cuerpo de Cristo no solo para lo bueno, sino también para lo que sufrimos y hacemos sufrir. Ese profundo dolor nos debería llevar a acciones concretas y efectivas.

Tercero, propósito de cambio, es decir, que de verdad tengamos voluntad de hacer cambios. Que nuestras acciones nos lleven a satisfacer las exigencias y necesidades expresadas con desesperación. No proponer cambios “cosméticos”, sino cambios en profundidad. ¿Se ha hecho eso? ¿Varios muertos no ameritan que se noten los esfuerzos de cambio? ¿Quiénes han sido acusados por los asesinatos de Changuinola y los de San Félix? ¿Quiénes han sido condenados? ¿Los deudos han recibido ayudas? ¿O apenas están “coordinando” para hacer llegar unas cuantas limosnas a los “afectados”? (como burlonamente se les dice a los hijos de los asesinados, a los ciegos y tuertos). ¿Firmar la Ley 11 es una muestra de ese propósito firme de cambiar? Firmar que vamos a hacer lo que deberíamos hacer, ¿muestra deseos de cambiar o es simplemente burlarse de la gente?

Cuarto, declarar públicamente nuestro pecado. Tiene que haber una petición formal de perdón al pueblo ngäbe y al pueblo buglé por tanta vejación como ha habido. ¿Quién ha pedido perdón? ¿El Presidente, con su burla de que “se nos pasó la mano en pollo”? ¿Quién del Gobierno ha dicho nos equivocamos? ¿Quién ha pedido perdón por los cientos de años de discriminación en educación, salud, maltratos, desprecios, humillaciones y tantas y tantas cosas que no sabemos, pero que están clavadas en el corazón indígena? La Iglesia católica sí pidió perdón, en 1992, por boca de cinco hermanos obispos.

Quinto, lo más difícil, satisfacción con obras o lo que se llama cumplir la penitencia. ¿Cuál es esta? Quizás alguien puede pensar que la Ley 11 es parte de esa penitencia. Lo dudo mucho. No se han satisfecho las demandas de los hijos de los asesinados, de los ciegos, los tuertos, los heridos, las violadas, los golpeados. Apenas están prometiendo cumplir (ojo: solo prometiendo) cosas que ya están en la ley de la comarca desde hace 13 años.

Un ejemplo nada más: El Presidente se comprometió de palabra (la palabra vale mucho para el indígena) en febrero de 2011 a sacar las minas de la comarca. En marzo 2012, ¡se vuelve a comprometer a lo mismo! ¿De quién se quieren burlar? ¿Cuál es la penitencia?

1. Que el Gobierno, empezando por el Presidente, pida perdón a los indígenas, de forma expresa, clara, directamente.

2. Que se indemnice a todos a los que se ha hecho daño con los desmanes brutales de la policía y sus jefes.

3. Para que se vea que la petición de perdón es real, que se castigue a los culpables, los que mataron y los que mandaron matar. A los que violaron y a los que impulsaron a hacerlo.

4. Que se respete, en la práctica, la autonomía indígena y dejen de estar intentando manipular grupos, comprar gentes, negar partidas, robar con proyectos, dividir a toda una agrupación organizada.

5. Que se aprueben leyes (y se acate el espíritu que las anima) que defiendan realmente al indígena, p.e. el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo.

6. Que los “planes integrales de desarrollo” de las comarcas sean realidad, concreta, transparente, directa, sin politiquería, sin corrupción, construidos desde el respeto, el amor, la esperanza y cuyos verdaderos sujetos sean los propios indígenas.

¿Mucho pedir? Si se cumple esta penitencia, entonces podremos rezar el Padre Nuestro con tranquilidad, sobre todo en este tiempo de cuaresma.

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