MANEJO INFORMATIVO

Periodistas y bacterias: Xavier Sáez-Llorens

¿Qué será peor para Panamá, un periodista desinformado y venenoso o una bacteria nosocomial y virulenta? No me atrevo a dar una respuesta categórica. Decía Jorge Ramos, en reciente escrito, que el oficio de un buen reportero se basa en su credibilidad porque, de lo contrario, son muchos los afectados por una irresponsable noticia. Debido a los desafortunados antecedentes del dietilene glycol, la CSS es ahora evaluada con lupa, buscando el mínimo desliz para destruir la reputación de su personal sanitario y administrativo. Pidiendo disculpas a los comunicadores honrados y objetivos, considero que la crisis sobre infecciones nosocomiales fue provocada por los medios. Entrevistar a gente con intereses, no a expertos, es sesgar la información a conveniencia. Deben, por tanto, entonar el mea culpa y asumir su suspicaz implicación. Los alborotos mediáticos son aprovechados por la izquierda radical, la oposición y los gremios para pescar en río revuelto. Si consultan a Comenenal, todo director es corrupto. Si interrogan a Mauro o Frenadeso, todo funcionario es homicida. Para un político profesional, esos epítetos no producen cosquillas, pero un individuo honesto los sufre en demasía. Hasta analistas políticos, ministros y diputados han proseguido la secuencia de rebuznos. Sugiero clausurar la facultad de medicina porque hasta el más iletrado se cree en capacidad de debatir sobre microbios. Me consta, mi hermano ha intentado sacar la política partidista, cambiar el pernicioso status quo patrocinado por gremialistas y eliminar el crónico clientelismo que drena recursos financieros de la institución. Por pisar callos de corrupción y no aceptar coimas, la consigna de fondo impresiona ser sacarlo a como dé lugar. Por eso es que las personas decentes no se arriesgan a participar en la vida pública. Pobre país.

Resumo nuevamente conceptos sobre infecciones nosocomiales. Aunque Billy me pidió encarecidamente no hacerlo para evitar malinterpretaciones, la docencia es una de mis pasiones. Como este tema es uno de mis favoritos en la especialidad, tengo varios artículos científicos en revistas de prestigio y dicto conferencias en eventos nacionales e internacionales. Escribí algo similar durante la administración anterior (ver edición del 4 de mayo 2008). Tal parece, no obstante, que a ciertos profesionales del micrófono no les gusta leer o no les interesa aprender. Ellos prefieren vivir del morbo e incrementar sus ratings, sin importar el pánico que genera su verborrea. Intuyo, por tanto, que el papel que plasma estas palabras será utilizado para la asepsia del introito rectal.

Diariamente, se adquieren infecciones en cualquier sanatorio del planeta. Cada año, 2–4 millones de pacientes (5% de todos los admitidos) desarrollan infecciones en hospitales estadounidenses (Clin Infect Dis 2007;45:S85) y fallecen casi 100 mil por causa directa o indirecta, cifra que representa la octava causa de muerte, por encima del cáncer de mama o los accidentes de tráfico. En nosocomios de Europa y América Latina, las tasas son 2–5 veces superiores (Am J Infect Control 2008; 36:627). Los comités de cada institución monitorizan el número de casos afectados y toman medidas para mantenerse dentro de las estadísticas esperadas. Cuando la cantidad de infectados supera lo habitual, se ejecutan estrategias más rigurosas. Idealmente, deben implementarse mecanismos para auditar y comprobar que las recomendaciones son cumplidas al pie de la letra. Los informes son presentados periódicamente a la Comisión Nacional del Minsa, ente rector de la salud nacional. Ningún hospital del mundo vierte esta sensitiva información a los medios. Las infecciones nosocomiales no se clasifican en la categoría de negligencia sino como iatrogenia, un evento adverso que ocurre como consecuencia del necesario acto médico y no conlleva sanción civil o penal.

Las bacterias multi resistentes son comunes en los hospitales. Los gérmenes más temibles son el Estafilococo, el Clostridium, el Acinetobacter y la Pseudomonas. Estos patógenos han causado problemas en instituciones locales, estatales y privadas. En centros pediátricos ocurren también brotes nosocomiales de infecciones virales (VRS, influenza, varicela), con morbilidad y letalidad asociada. A juzgar por el caos montado, deberíamos cerrar todos los establecimientos médicos y encarcelar a sus directores. La peligrosa Klebsiella pneumoniae productora de carbapenemasas (KPC) ha emergido en la última década. Este microorganismo ha causado infecciones masivas en Estados Unidos, Colombia, Brasil, Argentina, Israel y toda Europa, con altas cuotas de mortalidad. Es usualmente introducido en los nosocomios por pacientes portadores y, una vez allí, resulta muy difícil erradicarlo, reapareciendo con frecuencia, tiempo después, por la admisión de nuevos enfermos acarreadores.

Es absurdo pensar que a algún ser humano normal no le importe la gente que muere. Estas cuestiones, empero, deben resolverse internamente porque cuando se ventilan en público, se erosiona la tranquilidad y confianza del usuario en nuestros hospitales. Exhorto a directores de medios para detener ese amarillismo atroz y entrenar a sus subalternos en el campo de la comunicación sanitaria. Parafraseando a Julius Marx, “la televisión nacional es tan educativa que cuando alguien la enciende me mudo de habitación y leo un libro”.

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