SABER ELEGIR

Política, un mal necesario: Robin Rovira Cedeño

Decía Albert Camus: “Ya sea por medio de tus acciones o con tu silencio, tú formas parte del conflicto”. Esto nos sirve para inferir que la política es un mal necesario del que no podemos abstraernos, porque termina afectando nuestras vidas, directa o indirectamente. Y digo mal necesario, porque la política entraña riesgos.

Se cuenta de un hombre que caminaba por una calle, cuando vio cómo derrumbaban un edificio. Se acercó a uno de los obreros y preguntó: “¿Cuánto tiempo les toma derrumbar este edificio?”. El obrero respondió: “cinco o seis meses”. “¿Y cuánto tomó construirlo?”. El obrero señaló, entonces: “Cerca de dos años”.

Tal vez, el ejemplo no sea el más acertado, pero bien sirve para preguntarnos: ¿Qué es más fácil? ¿Construir o destruir? Vemos que el edificio fue construido en años, pero bastaban días para derrumbarlo. Podemos bien decir, además, que así como es más fácil destruir que construir, de igual manera es más fácil hacer lo malo que lo bueno. Tan solo observe las estadísticas de delincuencia y criminalidad y sabrá de lo que hablo.

Si es más fácil hacer lo malo que hacer lo bueno, a tal punto que la mayoría escoge lo malo, porque es más fácil ir a favor de la corriente que ir en contra de ella, ¿Cómo saber, entonces, si la voluntad mayoritaria en un país es objetiva o está prejuiciada a la hora de escoger un gobernante?

Recuerdo cuando terminaron las elecciones en las que el excontralor Rubén Carles se postuló como Presidente. Alguien le preguntó: “¿Y cómo se siente ahora que perdió las elecciones?”. El señor Carles le mira y contesta: “¿Perder yo? El que perdió fue el pueblo”. Está demás tratar de explicar lo que él quiso decir.

Es mi opinión que esa “voluntad de la mayoría” debe ser educada, no manipulada. Es decir, hay que educar a los ciudadanos para que ejerzan el sufragio, con objetividad, imparcialidad o responsabilidad; porque es el pueblo el que, al final del camino, pierde o gana. Pierde un hombre que construye, o gana un hombre que, tal vez, no va a destruir, pero que pasará los cinco años sin hacer nada.

Decía Shakespeare: “El traje revela al sujeto”. Sería bueno concienciar a la ciudadanía para que sepa qué traje o cultura viste. De ello dependerá el éxito de nuestra política. Esto fue lo que dio a entender hace poco un político norteamericano, cuando dijo que la cultura de un país define su éxito o su fracaso como nación.

Él fue duramente criticado, pero como yo trato de ser objetivo no puedo menos que decir que por algo él dijo lo que dijo.

La política debe ser utilizada como un instrumento y no como un fin. Esta clase de política engendrará hombres que si bien no pretenderán ser del pueblo, sí pretenderán ser para el pueblo.

Como dijo alguien: “Dios creó los zancudos para que tengamos mejor opinión de las moscas”.

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