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PSICOLOGÍA

Prácticas sexuales consensuadas: Geraldine Emiliani

Cincuenta sombras de Grey no es más que una película con escenas eróticas y prácticas sexuales no convencionales que involucran bondage: “maniatar” en el terreno del sexo, disciplina, sadismo y masoquismo. Estas cuatro palabras se resumen en la sigla BDSM. Estos comportamientos sexuales son variados y recurren a una gran cantidad y variedad de manifestaciones sexuales eróticas “consensuadas” por los participantes y se distingue del sadismo criminal. En el lenguaje corriente se utilizan las expresiones “sado” o “sadomasoquismo”, términos creados por la psiquiatría, para definir enfermedades mentales y las prácticas que implican.

La diferencia está en que el sádico con el objeto de obtener excitación sexual inflige a su pareja sufrimiento psicológico o físico repetida e intencionalmente sin su consentimiento. En contraste al BDSM, que hace hincapié en que los métodos sexuales sean seguros, sensatos y consensuados.

Cincuenta sombras de Grey se basa en la novela del mismo nombre y describe la relación entre una joven universitaria, Anastasia, y Christian, un joven exitoso en el mundo de los negocios. Dos personalidades diferentes, ella sumisa, tímida, sencilla en el vestir y con un lenguaje moderado; él sobrio, cautivador y seguro de sí. Un multimillonario que, en su primer encuentro y con cierta galantería, fija su mirada en todo momento ante la mirada esquiva de su próxima víctima sexual.

La relación fluye con algunos altibajos entre la nada habilidosa Anastasia en lo concerniente a su poca o nula relación con hombres de poder social y económico. Christian se empodera de la situación y muestra sus garras de gran seductor con la idea de contraer una actividad sexual maniatada de esclavitud, dominio y persuasión a través de un contrato hablado y escrito, más no firmado. Anastasia cae en la posesión, abuso, acoso y dependencia de este hombre que justifica sus manifestaciones eróticas intimidantes en su dañina relación con su madre biológica y con la amiga de su madre de crianza, que lo envuelve en experiencias sexuales de pertenencia desde los 15 años y por un período de seis años. Anastasia, en su interés por saber sobre esta condición sexual, cae en lo más bajo y ruin en una relación meramente sexual-erótica y dañina.

Christian la acondiciona, la maneja, la manipula, ya que Anastasia por su inseguridad seguía en su falta de razonamiento en relación a ella y a la religiosidad de su cuerpo. Se somete a los halagos de él, en un mundo nuevo para ella. Toca fondo y se da cuenta de que no buscaba una relación de ese tipo y no podía seguir consintiéndola. Ella era más convencional y buscaba que existiera sexo, pero con amor. Pero Christian, sencillamente, no estaba en disposición de ofrecérselo, y el contrato lo especificaba. Una especie de tómalo o déjalo.

Para esta joven mujer era un tema difícil de abordar por el amor que sentía por ese hombre y, al final de la película, logra no seguir involucrándose en ese tipo de subcultura sexual.

El lado positivo de la película lo fundamento en que la mujer no debe permitir atropellos en contra de su dignidad por quien la tome como un burdo objeto sexual, o una “cosa” que se toma y se posee, o se antoje.

Tanto al hombre como a la mujer les corresponde cultivar, preservar y honrar la cultura sexual, y los sentimientos de moral y buen juicio en la cama. Muchas mujeres piensan que entregarse a un hombre significa más bien un compromiso de deber, que de bienestar, de complacer y no ser complacidas, con el deseo de convertirse en expertas en la actividad sexual para luego quedar arrumbadas a su suerte.

No hay un “gracias, mi amor” o un “te quiero”. Al día siguiente, ambos vuelven a la rutina de siempre, como dos extraños. Esto provoca desgano emocional y anímico en la mujer y un alejamiento que se hace más grave. No son cortejadas, mimadas ni enamoradas. El acto sexual se vuelve en un quehacer más entre ambos, reducido solo a momentos de impetuosa exaltación erótica y muchas veces perjudicial, como le sucedió a Anastasia y a Christian, con estilos de vidas sexuales diferentes.

El amor es algo más que una faceta momentánea de mutua excitación. A la mujer no se le llega por el sexo, a la mujer se le llega por el alma, si se quiere que su cuerpo reaccione con un estado de ánimo de ternura máxima tan esperado por los dos. No es cosa de cumplir con una “obligación femenina”.

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