CAMPAÑA

Preguntas para los candidatos: Javier Barrios D.

Los programas de gobierno de los distintos partidos políticos en campaña deben ser muy parecidos y casi una copia del respectivo programa de la contienda anterior, con escasas variantes. Son un compromiso político más que técnico, un mal necesario, documento que hasta el partido triunfador archiva y lo desempolva en la próxima contienda.

En su confección los ahoga la integralidad, olvidándose que “el que mucho abarca, poco aprieta” y que no podrán cumplir con todas sus promesas.

Priorizan, en función de los votos, de los efectos (de la fiebre) y no de las causas ni de las necesidades reales de la gente y a nivel muy macro, y cuando lo hacen bien, luego en la praxis, embriagados por el poder, por la politiquería, el dinero, construyendo su “pirámide”, cuidando en extremo su imagen política, etc., terminan desviándose del camino trazado.

Ya tenemos tres candidatos. Los de oposición deben estar parchando su programa a tambor batiente; en cambio, el del oficialismo duerme tranquilo, porque ha prometido más de lo mismo (¡qué pereza!), caminado cual rémora con su mentor, dando a entender que este es infalible (casi Dios), o sea, que ya Panamá tiene su Madurito.

Al respecto, pregunto a los señores candidatos, ¿no creen ustedes que habrá que decirle adiós por buen rato al hormigón, al aceite y a los megaproyectos, como el Metro, dejándolo solamente con la línea 1 (cual tumba para el faraón) y buscar otras opciones más realistas y económicas para solucionar el problema del transporte en el resto de la ciudad?

En su defecto, ¿emprenderían ustedes, de una vez por todas, una cruzada contra la miseria humana que padecen la inmensa mayoría de los indígenas y gran parte de los campesinos, de la cual se nutre la pobreza urbana, que adquiere ribetes convirtiéndola en una bomba de tiempo?

¿Mantendrán ustedes una actitud cobarde, vergonzosa e imperdonable, tratando con paños tibios el flagelo de la desnutrición infantil y el hambre, madre de todos los males, causa increíble de muertes? ¿Tan acostumbrados están al problema, que seguirán conviviendo con él sin el más mínimo sonrojo?

¿Seguirán gastando millones en medicinas y construyendo hospitales que luego carecerán de todo o, sea, curando, en vez de enfatizar en la salud (medicina) preventiva y en una vivienda saludable, decente?

¿Tendrán ustedes el coraje de sumar o enfrentar, si fuera necesario, con valentía e inteligencia al gremio de docentes de este país, para transformar radicalmente nuestro pésimo y anacrónico sistema educativo (otra vergüenza nacional)? ¿No será necesario emprender urgentemente un programa especial de formación de docentes, seleccionándolos con criterios que ponderen sus cualidades, fortalezas y vocación para desempeñar tan noble misión? ¡Porque aquí cualquiera cree que puede enseñar!

¿Podrían ustedes dotar a la educación con programas curriculares acordes con la realidad y las necesidades del país y, entre otras cosas, prepararían a los adolescentes para enfrentar al sexo loco que los está matando o coartándoles oportunidades? ¿Harían que la justicia castigue o responsabilice a los mayuyones seductores (violadores) de niñas?

¿Dejarán que los pequeños productores del agro sigan abandonados a su suerte y que poco a poco emigren, pasando a engrosar las filas de los informales en las ciudades? ¿Y a propósito, qué harán con los miles de informales que pululan por las calles de nuestras ciudades o terminarán cuadrándose con las estadísticas de desempleo, para las cuales estos no existen y por eso el señor Presidente se jacta de decir que en Panamá no hay desempleo? ¡Qué bárbaro!

¿Harán algo distinto y efectivo con otros pendientes nacionales prioritarios, como la inseguridad ciudadana, la corrupción y los entuertos y la mora de la justicia?

Señores candidatos, el crecimiento es condición necesaria, pero no suficiente; la fiebre no está en la sábana, escarben y encuentren las causas y las soluciones a nuestros grandes males, principalmente la pobreza, teniendo presente que para combatirla adecuadamente se requiere haberla sufrido... sea por herencia o por conciencia. Cogito ergo sum (“Pienso, luego existo”, Descartes), o sea, ¿están ustedes entre los que no conocen o no tienen plena conciencia de la pobreza, por tanto, para ustedes la misma literalmente no existe o no es prioritaria y poco o nada harán al respecto?

¿Suena demasiado bonito para ustedes? Si sus respuestas son desalentadoras (piensan seguir con más de lo mismo), entonces no merecen gobernar. ¡Qué les estalle la bomba!

Así las cosas, si yo fuera candidato, mi norte y mi eslogan de campaña sería, “caminando con los pobres”... aunque no les suene cursi.

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