OJO PÚBLICO

Reformulemos el Parlacen

Hace cinco años, al asumir la responsabilidad de ejecutar las políticas orientadoras de la diplomacia panameña, partí de la siguiente premisa: las relaciones internacionales deben constituir un vehículo adecuado para impulsar el desarrollo nacional.

La experiencia indicó que el planteamiento era correcto. Al consolidar y ampliar los vínculos con el exterior, Panamá abrió camino a nuevas formas de cooperación y a múltiples posibilidades de inversión.

Los efectos concretos se reflejaron nuestros índices de crecimiento –por varios años, el más alto de América Latina– y en la apertura constante de fuentes de empleos para el pueblo panameño, habiendo alcanzado las más bajas cifras de desempleo de nuestra historia económica.

Esta visión sobre las conveniencias nacionales fue la que impulsó la decisión de abrir nuevas fuentes de amistad y de relaciones externas, así como la de consolidar las existentes. Lo he señalado con insistencia: a Panamá siempre le ha ido mejor cuando mira hacia fuera y cuando sabe aprovechar las oportunidades que le llegan, ya sea por la propia iniciativa del país o por la dinámica de la vida internacional.

En términos de nuestros vínculos con América Central, prevaleció el criterio consistente en que, al acercarnos a nuestros vecinos geográficos, el paso obedecía a la comprensión de que allí, en ese acercamiento, reside un sólido interés de Panamá, en el sentido de que se posiciona en esta parte del continente y puede llegar a potenciar su ubicación geográfica, ya de por sí sumamente importante.

Por eso se dio constante apoyo al funcionamiento del Parlamento Centroamericano, dado que se trata de un organismo que forma parte de todo un sistema integral y completo, dirigido a la finalidad de culminar el proceso de integración y a demostrar en Centroamérica que Panamá, con las obvias particularidades de sus sistema económico, se suma al esfuerzo integrador en todas sus facetas.

Me apresto a tomar posesión, como diputado del Parlamento Centromericano al igual que otros ex funcionarios electos de la región, según lo dispone el Convenio Constitutivo. Está fuera de mi ánimo la búsqueda de inmunidades que ni siquiera necesito. Actúo en seguimiento de una doble convicción. Por una parte, porque reconozco el gran valor de las soluciones institucionales, siempre con la mira puesta en cimentar organismos y en darle continuidad en el largo plazo. En segundo lugar, porque debo ser coherente conmigo mismo, dado que, desde el Ministerio de Relaciones Exteriores, apoyé con plena conciencia la idea de que el Parlamento Centroamericano es un mecanismo que, con las modificaciones correspondientes, puede ser de gran utilidad para Panamá, para Centroamérica y para todo el continente.

Admito que el Parlamento Centroamericano está ahora mismo en el ojo público. Muchas discusiones se han realizado alrededor de su existencia y de su funcionamiento. También admito que tomar posesión como parlamentario de ese organismo no es un acto popular o que vaya a producir aplausos. Los emolumentos que se reciben, las normas de protección contra juzgamientos y otros factores han dado lugar a severas críticas, lo cual no es de extrañar en una atmósfera enteramente democrática.

Vistas las cosas en el plano institucional y si al Parlacen se le han detectado carencias, fallas o deficiencias, lo que procede es emprender la tarea de mejorarlo. Examinemos la situación actual de esta estructura. Valoremos el alcance de las disposiciones de su estatuto fundamental. Evaluemos lo que ha hecho hasta ahora, y qué se puede hacer para que no se anquilose y para que no muera. Empecemos una reflexiva y profunda tarea de reorganización, en la cual participen los parlamentarios miembros del organismo, los gobiernos con sus representantes autorizados, las asociaciones que provienen de la sociedad civil, la iglesia con toda su gran experiencia y, entre todos, reformulemos el Parlacen, señalándonos nosotros mismos una fecha para terminar los trabajos.

Seamos optimistas. No creo que los distintos gobiernos de América Central fundadores del Parlacen tengan interés en asistir al decepcionante espectáculo de un Parlacen que se le deshaga ante sus ojos. Más bien, el escenario está instalado para trabajar armónica y mancomunadamente y para hacer florecer un nuevo Parlacen, cercano a las necesidades de los pueblos centroamericanos y depositario de sus aspiraciones de cooperación y confraternidad.

Estamos ante un reto, pero también ante una gran oportunidad. Manos a la obra.

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