CORRUPCIÓN

Reparto burocrático: Carlos Guevara Mann

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Al igual que cientos de miles de panameños, el 4 de mayo de 2014 desperté con un firme propósito: votar por el candidato presidencial que más confianza inspiraba, a pesar de pronósticos (falsos) y recomendaciones (desacertadas).

Además de conocerlo personalmente y haber apoyado al Partido Panameñista en todas las elecciones desde 1984, conceptué, al igual que una multitud de conciudadanos, que Juan Carlos Varela era el aspirante presidencial con mayores posibilidades para sanear la política panameña, si cumplía sus promesas de “Cero tolerancia a la corrupción y el clientelismo” (prioridad No. 8 de su plan de gobierno) y de utilizar el mérito (no el compinchismo, el nepotismo o el gamonalismo) como parámetro para el nombramiento de funcionarios (prioridad No. 9 del mismo plan) (http://partidopopularpanama.com/assets/1.-Versi%C3%B3n-Ilustrada-del-Plan-de-Gobierno-20-puntos.pdf).

En consecuencia, junto con casi 725 mil panameños emití mi sufragio por el candidato presidencial de “El pueblo primero”. Evidentemente –por lo ya expuesto– no voté para que haga componendas con el sector más desprestigiado del partido de los militares.

Dicen algunos que en aras de la “gobernabilidad” es necesario repartirse el presupuesto general del Estado y los cargos públicos con el PRD (en contravención de la prioridad No. 9 del plan de gobierno), asignarles partidas, prebendas y nombramientos a los diputados, y entregar el apoyo de la actual administración para que un descolorido y limitado seudodirigente perredista vuelva a la Presidencia de la República en 2019.

Ese pacto no era la única opción al alcance del nuevo gobierno. Había al menos otras dos posibilidades. En 1991-1994, el presidente Endara gobernó sin mayoría en la Asamblea. No compró diputados de oposición y nadie lo tumbó.

A finales de 1944, para solventar una crisis política, el presidente Ricardo Adolfo de la Guardia convocó una convención constituyente, que se reunió el 15 de junio de 1945. No sobrevino ninguna hecatombe; por el contrario, el país retornó a la normalidad constitucional y ganó una ley fundamental moderna y democrática (la Constitución de 1946).

No voté por el presidente Varela para que su gobierno use la burocracia como premio de consolación para candidatos perdedores (incluyendo a hijos de ministros de Estado) y nombre en el servicio exterior a sujetos cuyas actuaciones ignorantes y chabacanas nos dejan a los panameños como un pueblo de cavernícolas. La mayoría de los nombramientos al servicio exterior no agregan valor a nuestra diplomacia; muchos nos avergüenzan.

No voté por el presidente Varela para que pacte con el PRD, a espaldas de la ciudadanía, la designación del contralor general de la República, el procurador general de la Nación y el procurador de la Administración. No recuerdo haber visto en el plan de gobierno de “El pueblo primero” ninguna alusión a ese reparto burocrático.

De acuerdo con el Art. 161 (numeral 5) de la Constitución, el nombramiento del contralor corresponde a la Asamblea Nacional. Según la Constitución, el Consejo de Gabinete nombra a los procuradores (Art. 200, numeral 2), cuyas designaciones deben ser aprobadas o improbadas por la Asamblea Nacional (Art. 161, numeral 4).

En su plan de gobierno (prioridad No. 9), el candidato Varela se comprometió a designar “un (a) procurador (a) y magistrados de la Corte con independencia de criterio y en consulta con representantes de las organizaciones de la sociedad civil”. Lo que hemos visto y escuchado hasta ahora, relativo a estas designaciones, no se acerca a lo propuesto por “El pueblo primero” durante la campaña electoral.

Tanto la Asamblea Nacional como el Consejo de Gabinete tenían la oportunidad de encontrar los candidatos más idóneos para estos y otros cargos a través de concursos de méritos, transparentes y objetivos, supervisados por elementos independientes de la sociedad. En vez de recurrir a medios civilizados y democráticos para realizar estos y otros nombramientos, el oficialismo se ha metido con el PRD en un zambapalo repelente destinado a imponer en dichos cargos a los favoritos de uno u otro bando.

Espero que los geniales estrategas que aconsejan al presidente Varela le hayan advertido de los graves peligros que para la estabilidad de su gobierno entrañan la componenda, la rebatiña y la falta de transparencia. ¿Cómo reaccionará la población si su frustración por el incumplimiento de las promesas de campaña llega al límite?

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