EL MALCONTENTO

Resignificando la patria: Paco Gómez Nadal

Los pueblos son honestos. Sienten la patria como sienten el vínculo de nacimiento, huelen el territorio y lo defienden más allá de miserias políticas o desengaños cotidianos. La patria, por tanto, es un vínculo de identidad quizá necesario, nunca suficiente por sí solo, nunca terminado.

¿Qué es la patria? ¿El pequeño entorno en el que se nace, el territorio identitario en el que se crece, la nación política a la que nos asignan, las gentes con las que cohabitamos?

En un mundo que ha modificado –y modifica– sus fronteras a golpe de armas, cartabón colonialista y desgajes... ¿qué es la patria?, ¿es la misma que fue ayer, hace 200 años, es la última que definimos?, ¿será, en todo caso, la misma dentro de 150 años?

A los que sentimos el planeta como patria nos suelen chocar las celebraciones nacionales encendidas, las soflamas en los discursos, los excesos en las redes sociales. Nos sorprende que las loas patrióticas estén exentas de matices, de puntualizaciones, de necesarios conjuros para mejorar esa patria que Rubén Blades empezó a enumerar pero la que dejó puntos suspensivos a disposición de los muchos. No deja de llamarnos la atención que sea el mismo poder político que corrompe a las patrias el que designe cómo se la celebra; que la estructura colonial desde las que nacieron las independencias latinoamericanas siga siendo el armazón de homogeneidad en el que se nos obliga a comulgar.

La indignación patriota debería concentrarse en asuntos de más enjundia que la posición de la bandera o el protocolo de sus colores. Y es posible. Panamá está habitada por verdaderos patriotas que creen y defienden el espíritu de lo que debería ser este rico y biodiverso territorio. Y hay muchas ciudadanas y ciudadanos que aportan cada día a la resignificación del concepto patria, aunque no sean tan famosos ni visibles como los que conjuran sus mentiras durante unos días de fiesta para presumir de algo que no tienen: orgullo fraterno con los otros.

¿Nuevos significados? Pues, claro. Por ejemplo el de la plurinacionalidad, una patria con pueblos hermanos que tienen idiomas diferentes, territorios autónomos e intereses comunes; el del respeto por la madre tierra, a la que se deja de horadar en busca de metales ruines que terminan en manos de unos pocos e hipotecan el futuro de la mayoría; el de la igualdad, donde las mujeres no tengan que pelear por cada microespacio social, donde las personas con opciones sexuales no heterosexuales no se sientan amenazadas en cada esquina; el del conocimiento, con unos jóvenes educados en el aprendizaje crítico que construyen y aportan al país desde la emancipación madura; el de la participación, con una sociedad en la que todas y todos puedan opinar sobre el futuro y trabajen colectivamente para el desarrollo armónico del país...

Los significados de las palabras son más importantes de lo que parecen. Si la palabra patria no es un compendio de significados valiosos, nadie sabrá por qué la homenajea y las respuestas al respecto serán tan genéricas y balbuceantes como las del soldado que está en la trinchera dispuesto a matar al enemigo por el simple hecho de ser de otra patria.

Creo que el sentimiento patrio puede ser hermoso, pero no debe estar vacío. Desde aquí mi homenaje a Panamá, un territorio que ha luchado –y lucha– por su soberanía real, por su dignidad; un pueblo que, a pesar de sufrir a una élite política y económica acostumbrada al expolio y al engaño, sigue construyendo alternativas y soñando un futuro más justo y decente.

La independencia, como diría Frantz Fanon, es un paso imprescindible pero no es el que garantiza la libertad, la democracia y los derechos humanos. El siguiente paso es la emancipación y la decolonización de las estructuras de poder. Y para eso falta, aunque el proceso ya se haya activado en Panamá desde abajo. Habrá un día en que la celebración de las fiestas patrias sea, además de una fiesta alegre y colorida, un homenaje a este pueblo y a sus victorias; un punto de inflexión para poder mirar atrás y que los tragos amargos que aún aguanta no sean más que un débil recuerdo. Días estos de independencia; años venideros de emancipación.

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