SOCIEDAD

Resocialización y esperanzas de cambio: Emilio Harris L.

El pasado 14 de diciembre, en horas de la tarde, supe de una noticia que me encantó. Muchos dicen que “encantar” es cuando te sientes así hacia una persona o cosa. Difiero, encantar también es cuando vemos en una acción un enquistamiento de principios y valores. Eso fue lo que vi en Arturo Bennet y los reclusos del Centro Penitenciario Nueva Esperanza, de la provincia de Colón. ¡Qué dicha poder ver un cambio!

Ese cambio es lo que funda el precepto penitenciario conocido como “resocialización”, que algunos autores definen como “el proceso evolutivo que le permite a un individuo reintegrarse a la sociedad”. No podría estar más de acuerdo. Ergo, le agrego un pequeño otro elemento: la “reconciliación”.

Encontré unas líneas dentro de la definición que el portal ABC le da a reconciliación: …“un distanciamiento puede ser permanente, así sucede cuando dos personas dejan de tener contacto después de un enfado, también puede ser puntual gracias al poder del perdón propio de quien ha reflexionado sobre una situación y quiere apostar por la reconciliación”.

Es curioso, muchos de ustedes, queridos hermanos (as), pensarán que me desvié del tenor del artículo y que confundo el amor de pareja o de amigos con la incidencia penitenciaria. Si alguno piensa de esa forma, permítanme explicarle por qué, desde mi punto de vista, pueden concebir una posición equivocada. Si bien dentro de sus principios fundamentales la ley penitenciaria no contempla dicha terminología, debemos darle el mérito de la confianza a nuestros hermanos (as) reclusos que se han resocializado. De esa forma creamos todos un Estado de unidad, apertura y reconciliación.

Dichos preceptos existenciales, que deben ser inertes a la pluralidad de los entes de la sociedad, tuve la oportunidad de leerlos en las elecciones del año 2011, por parte de la entonces congresista peruana, Keiko Fujimori. Y me pareció excelente.

Adentrando dichos preceptos en la realidad nacional, le haríamos notar a nuestros hermanos (as) resocializados (as) que ellos sí nos importan, ya sea mediante una sonrisa, una palmada, un abrazo o expresándoles un “te quiero hermano (a)”, “bienvenido de vuelta” o “te perdonamos y tienes una vida por delante, cuenta con nuestro apoyo”.

De esa forma, cumpliríamos todos, como Estado, el artículo 13 de la Ley 55 de 2003 que “reorganiza el sistema penitenciario”. Quisiera resaltar los acápites 1, 5 y 7 de la referida norma. Veamos,

Artículo 13: Constituyen derechos humanos del privado o la privada de libertad los siguientes:

1. “Un trato digno y de respeto, acorde con su condición de ser humano”.

5. “La realización de actividades de trabajo remuneradas que le faciliten su incorporación del mercado laboral del país y, por consiguiente, le permita contribuir a su sustento económico de su familia”.

7. “El recibir ayuda de la comunidad y de las instituciones sociales para lograr incorporarse a la sociedad en las mejores condiciones posibles”.

Partiendo de la premisa que todo ser humano tiene que ser tratado preservando su dignidad y en esto todos somos actores, resalto el último inciso citado del referido artículo ya que, desde mi óptica, aglutina la inspiración a la que hace, debe y debemos hacer referencia en torno a la Ley penitenciaria.

Y es que, además del radio laboral estatal en donde gira, también nosotros estamos en la órbita. Que nuestras acciones hagan que al hablarles a ellos se escuche más alta nuestra voz, ya que pienso que lo que necesitan nuestros hermanos (as) que buscan resocializarse es escuchar de forma contundente nuestra la voluntad y saber que cuentan con dos hombros en los que pueden apoyarse.

Al principio de este escrito mencioné a Arturo Bennet, recluso del Centro Penitenciario Nueva Esperanza de Colón. Él solicitó, entre otras cosas, que a ellos se les dote de todos aquellos medios de esparcimiento necesarios para su desarrollo humano. Además, resaltó que si bien habían protagonizado sucesos lamentables en el pasado, ahora ellos están de vuelta y tienen mucho que dar.

Ánimo, hermanos, seamos misericordiosos con nuestro prójimo y, aunque un poco tarde, ¡Feliz día de los derechos humanos!

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