FACEBOOK LIVE: ¿Qué quieres saber del Cepadem? Ver aquí

RENDICIÓN DE CUENTAS

Responsabilidad evadida: Víctor Hugo Herrera Ballesteros

Vivimos en una época difícil, marcada por la corrupción generalizada en el ámbito público y privado. La ignorancia y el deseo desmedido de ganar dinero impulsan a los grupos de poder económico hacia una avaricia incontrolada que ha socavado las bases de nuestra sociedad. Una cosa es trabajar y hacer negocios honestos para aspirar a tener mejores condiciones de vida, y otra es simplemente robar para lograrlo, valiéndose de apellidos o de influencias, en desmedro de la capacidad y competencia profesional de la gente honesta y decente. Es decir, apropiarse del sistema para su explotación en beneficio propio, típico de una burguesía “lumpenizada”.

Empero, el “juega vivo” e individualismo ya nos están pasando la factura, con los cientos de jóvenes que mueren cada año, producto de la descomposición social que vive nuestro país, con familias que no pueden salir de la pobreza, pese a su duro trabajo y honestidad. Y es que el sistema no está hecho para la gente decente y honrada.

Mucho menos con instituciones inoperantes que solo sirven para dar empleo público, sin tener ninguna injerencia de cambio positivo para nuestra gente. Año tras año, se encarece el costo de la vida, aumenta la violencia social y el país se torna más inseguro. Pero hay quien dice lo contrario, tratando de convencer a los miles de panameños excluidos de la repartición de la riqueza, de que las cosas están marchando bien, en cada uno de los gobiernos que hemos tenido después de la dictadura militar.

La clase gobernante en nuestro país no ha aprendido nada de lo que ha ocurrido en otros países del entorno y se ha quedado sin la capacidad para gobernar y afrontar las crisis sociales, indistintamente de los partidos que estén en el poder. Nuestros jóvenes en los barrios se desangran y caen en la ignorancia con cada nueva generación.

Pero al parecer esta descomposición de la calidad humana es funcional al modelo económico y, por ende, la mejor medida para combatir la violencia es la represión, el empleo en condiciones precarias y no las políticas inclusivas. ¿Para qué educar bien a la gente? ¿Para qué tener instituciones que en verdad hagan su trabajo? Esas interrogantes y otras más, las han resuelto la automatización y la autorregulación, de las cuales han abusado las corporaciones de la mano de un Estado que es controlado por ellas mismas, como pasa casi en todas partes. ¿Qué importa cuánto sodio o edulcorante se le agregue a los alimentos industrializados? ¿Qué importa si eso enferma a la gente de diabetes o de problemas cardiovasculares? Pero aunque los hospitales están para curar, el sistema sanitario maneja un presupuesto en salud cada vez más presionado para comprar medicamentos y darle menos mantenimiento a las instalaciones sanitarias. Empero, para la lógica del mercado, curar es mejor que prevenir. ¿Cuántos pies de diabéticos no se habrían tenido que amputar con una buena asignación de recursos en materia preventiva? En adición, el otro problema es que la gente no puede cambiar sus hábitos alimenticios tan fácilmente, pues los productos de la canasta básica de alimentos y los combustibles se han encarecido a precios sin precedentes, por lo que comer sano es caro. Aquellos ineptos que aún bajo estas circunstancias justifican la tan cuestionada y fracasada política de competencia, solo siguen siendo cómplices de los aumentos abusivos de los combustibles y promocionando una canasta básica chatarra, que solo contribuye a aumentar los factores de riesgo de la población, pues la diabetes y las enfermedades cardiovasculares son enfermedades de la pobreza, y los pobres no son precisamente quienes pueden acceder a los alimentos de calidad (especialmente los dietéticos) y mejorar su calidad de vida, al vivir en localidades mal planificadas y sin áreas de esparcimiento, por la vorágine de empresarios que solo buscan pavimentar cuanto espacio libre sea posible, pues la rentabilidad de la banca está por encima de todas las cosas y, cuidado, hasta de Dios mismo.

Al final, se trata de mirar el mercado como una institución que está constituida por alienados funcionales a un sistema que en sí mismo, lleva la semilla de la descomposición social; la cual desde hace mucho tiempo nos viene pasando una factura muy costosa. La situación es cada vez más crítica, y en consecuencia será mucho más difícil recuperar el país que hace décadas perdimos, por reformas estructurales que nunca se hicieron. Es tiempo de reaccionar y tomar buenas decisiones electorales y exigir como sociedad una verdadera rendición de cuentas de quienes nos gobiernan y hacerles ver que no les dimos un cheque en blanco.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

22 Nov 2017

Primer premio

3 5 1 5

BBAC

Serie: 13 Folio: 15

2o premio

4722

3er premio

5119

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código