PLANIFICACIÓN

Retos urbanos: Carlos Guevara Mann

En los 340 años transcurridos desde su segunda fundación –en enero de 1673– la población de la ciudad de Panamá pasó de unos cuantos miles a aproximadamente 1.5 millón de habitantes. Según un reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, en esta área urbana reside casi el 40% de la población total del país y desde allí se genera aproximadamente el 60% del producto interno bruto (PIB) nacional.

El área metropolitana, inicialmente circunscrita a una pequeña península en forma de bota –que se proyecta al océano Pacífico al sur del cerro Ancón– se extendió posteriormente en varias direcciones: hacia el este, hasta Pacora; hacia el oeste, hasta La Chorrera; y hacia el norte, a lo largo del corredor transístmico, hasta Colón.

La ciudad de Panamá tuvo su mejor momento en los años inmediatamente siguientes a la secesión de Colombia en 1903. La terminación del canal por Estados Unidos impulsó el saneamiento de las ciudades terminales, cuyas condiciones sanitarias, históricamente deplorables, mejoraron significativamente.

Por otro lado, el Gobierno panameño se preocupó por mejorar el aspecto de la ciudad. Emprendió la construcción de edificios públicos que, además de cumplir propósitos administrativos, pudieran constituirse en símbolos de la nacionalidad panameña: el Palacio Nacional, sede de varias dependencias del Ejecutivo y el Teatro Nacional, sobre las ruinas del antiguo convento de La Concepción; el Palacio Municipal, en la plaza de la Catedral, que reemplazó a la casa del Cabildo construida durante la dominación española; el Instituto Nacional, los Archivos Nacionales y otras edificaciones.

El Gobierno también se esforzó por introducir la planificación urbana y aplicar sus criterios a las nuevas urbanizaciones que surgieron hacia el este y noreste del asentamiento original: La Exposición, Bella Vista, El Cangrejo, Obarrio y otras. El resultado fue la creación de entornos urbanos agradables y mejor calidad de vida para los residentes de esos sectores.

Este positivo impulso urbanizador, centrado en el individuo y la familia, comenzó a perderse a mediados del siglo XX. Por una parte, la migración proveniente de las áreas rurales empezó a engrosar la población capitalina a un ritmo que sobrepasaba la capacidad planificadora estatal y municipal. Por otra, la creciente desidia y corrupción del Estado, fenómenos que se acentuaron en los años 70 y 80, agravaron muchos de los problemas que ya venían acumulándose, como el amontonamiento y mal procesamiento de la basura, la contaminación ambiental, la precariedad, la violencia, y el caos vehicular.

Hoy, Panamá comparte estos y otros problemas con muchas otras grandes ciudades de la región, según lo expone el informe de ONU-Hábitat, titulado Estado de las ciudades de América Latina y el Caribe 2012 (http://www.unhabitat.org/pmss/listItemDetails.aspx?PublicationID=3380). El creciente interés por mejorar las condiciones de vida en las áreas urbanas, que se evidencia tanto en Panamá como en el extranjero, ofrece la oportunidad de replicar modelos exitosos y, al mismo tiempo, desarrollar soluciones autóctonas a los graves problemas que confronta la vida urbana.

Para enrumbarnos hacia esas soluciones, sería importante reconocer, de una vez por todas, que el área metropolitana ha excedido las dimensiones que le impone la actual división política de la república. Los límites de esa zona urbana pronto alcanzarán las inmediaciones de Chepo, hacia el este y seguirán adentrándose en el distrito de Capira.

Crear un gobierno metropolitano, democrático y autónomo, que comprenda las áreas que forman parte de la principal aglomeración urbana del país es un paso importante hacia la planificación, el desarrollo y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población capitalina. El futuro inmediato, sin embargo, parece ir en dirección contraria, con propuestas como la de crear una décima provincia, con sede en Arraiján o La Chorrera, lo que contribuirá a una mayor falta de coordinación y coherencia entre las políticas urbanas que se adopten en las distintas zonas del área metropolitana. En una década, la ciudad de Panamá celebrará el 350 aniversario de su segunda fundación y en seis años –en 2019– conmemorará el quinto centenario de su primera instauración. Ambas efemérides deberían transformarse en hitos que marquen el cumplimiento de importantes metas administrativas y de planificación democrática, de manera tal que arribemos a esas fechas habiendo registrado mejoras notables en la calidad de vida de la ciudad capital.

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