MALA DISTRIBUCIÓN DE LOS INGRESOS.

Riqueza y pobreza

Colón es la provincia que tiene el mayor ingreso per cápita en nuestro país, con sus B/.10,600 de promedio de ingreso al año por cada niño o niña, hombre o mujer que reside en dicha provincia. Entonces, ¿por qué hacen manifestaciones de desempleados, o se ven fotos de edificios residenciales ocupados y a punto de caerse en sus barrios; y en sus áreas rurales, durante las recientes inundaciones, se pudo apreciar la miseria que existe en algunas de ellas? La respuesta es obvia: hay una mala distribución del ingreso.

Panamá es la segunda provincia en cuantía de ingreso per cápita y Chiriquí es la tercera. Las demás provincias tienen un ingreso per cápita de B/.1,800, menos de la quinta parte del ingreso per cápita de Colón. Del total de población de la República, de 3.3 millones en 2006, el 37% vive en pobreza. ¡Cuatro panameños, de cada diez, viven en pobreza! De estos cuatro panameños pobres, dos viven en pobreza extrema. Estos cálculos están basados en cifras del Producto Interno Bruto y de Población de la Contraloría General de la República de 2006.

Por otra parte, en el año 2006 nuestro PIB creció a una tasa de 8.3%, cifra comparable al crecimiento de China e India y muy por encima del crecimiento de Estados Unidos, Japón, Alemania e Inglaterra. El crecimiento de nuestra economía no es necesariamente ni bueno, ni malo, todo depende de cómo se esté distribuyendo la nueva riqueza que se crea. Si los ricos se están haciendo relativamente menos ricos y los pobres se están haciendo relativamente menos pobres este crecimiento es bueno y garantiza la paz social y la continuidad del mismo. Si los ricos se están haciendo más ricos y los pobres se están haciendo más pobres con este crecimiento económico, no tardará en llegar al poder algún gobernante que distribuya mejor la pobreza.

Pero estas cifras y palabras se las lleva el viento, si los gobernantes de turno no ejecutan acciones efectivas para lograr una mejor y más justa distribución del ingreso y del crecimiento de la economía. Ninguno de los gobiernos posteriores al 20 de diciembre de 1989 parece haberlo hecho, a excepción del actual gobierno que se ha percatado de que la tarea no es sencilla, pero que tiene que empezarse en una forma clara y efectiva.

Los B/.30.00 al mes que se donan a numerosas madres de la comarca Ngöbe Buglé tienen un profundo significado que amerita ser analizado. La reducción de la pobreza no es fácil y no puede hacerse con rapidez. Pobreza no es sólo bajo ingreso, sino también baja cultura, baja educación y bajas oportunidades. Un ingreso per capita inferior a B/.534 anuales determina pobreza extrema y un ingreso per capita inferior a B/.953 anuales determina pobreza. El 90% de la comunidad ngöbé buglé está en pobreza extrema. Un programa claro y efectivo de reducción significativa de la pobreza requiere un esfuerzo sostenido de una generación. Es una lucha generacional.

Esos B/.30.00 al mes que recibe la madre significan B/.360.00 más al año para la misma, la cual, obedeciendo a su instinto maternal, invertirá la mayor parte en una mejor alimentación para sus hijos y mejorará su nutrición. Para recibir esta donación, la madre sólo tiene que cumplir dos requisitos: enviar a sus hijos al centro de salud y a la escuela. También mejorará la salud y la educación de sus hijos.

El mejoramiento de la educación no solo requiere mejor nutrición y mejor salud, sino también mejores escuelas y mejores equipos escolares. Las escuelas "rancho" están siendo sustituidas por escuelas "dignas", las cuales están siendo dotadas de sistemas de información y computadoras. Estos programas, para que sean efectivos en una lucha generacional para disminuir la pobreza significativamente, deben ampliarse y extenderse a lo ancho y largo del país. Estos programas ampliados y extendidos a nivel nacional son costosos y requieren que todos los beneficiados con la actual paz social y crecimiento económico contribuyan equitativa y proporcionalmente a través de su tributación a lograr una mejor distribución del ingreso.

Estamos al umbral de llegar a ser un país de primer mundo, pero, con cuatro ciudadanos pobres de cada diez, nunca lo lograremos. El ingreso per cápita de B/.10,600 anuales de la provincia de Colón, con un 43% de pobreza, y el de B/.7,100 de la provincia de Panamá, con un 21% de pobreza, son indicadores de una mala distribución del ingreso. Es imprescindible que aquellos que no tributan o no tributan equitativamente en las provincias de Colón y Panamá, lo hagan para asegurar la paz social y llegar a ser un país desarrollado.

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