SOCIEDAD

Romper las barreras mentales: Abdiel Barranco C.

Cuando nos independizamos, al salir del nido maternal, empezamos a vivir la realidad con un muro “protector” que nos protege del entorno hostil que nos rodea. Dicha barrera es creada por nuestros padres, desde que nacemos, gracias a la influencia ancestral de la familia, la cultura, la religión y, en ocasiones, hasta las ideologías.

Por ende, todo lo que conocemos es lo mejor para nosotros, porque es lo que acostumbramos, aceptamos, entendemos o, también, tememos. La mayoría de las personas no se atreve siquiera a asomarse a ver qué hay más allá de su propia barrera mental, lo más seguro por temor a lo desconocido o por comodidad.

De esta forma muchos se limitan a mantenerse inmersos en su pequeño mundo perfecto.

Esto no es malo, pues la costumbre conlleva un ingrediente de seguridad que nos permite, por ejemplo, evitar comer alimentos que desconocemos, utilizar atuendos, peinados o visitar lugares que no consideremos apropiados. En lo laboral, esto se refleja al ver a una persona que durante años ocupa el mismo puesto, que almuerza sola o siempre con el mismo grupito de compañeros.

Por este motivo, salir de esa barrera no es una obligación, más bien es una opción que implica un autoconocimiento profundamente introspectivo –lo más amplio que nos permitamos– para así saber reconocer las reacciones positivas o negativas de las experiencias que vivamos.

Con esto hecho, solo queda revestirnos de seguridad en nosotros y es ahí cuando saltamos las propias barreras mentales y empezamos a disfrutar la vida a plenitud, sin criticar.

Cambiando la palabra tolerar por aceptar, te sientes dueño de tus actos y expresiones; descubres el verdadero significado de la libertad de pensamiento y comienzas a ¡vivir! Todo esto, gracias a que te llenas de la paz que te lleva directamente a la felicidad.

Este punto es el que yo llamo “conciencia global”, que no es una meta en sí, sino una manera sin límite de ver y experimentar las cosas de la vida, con la certeza de que todo lo que nos rodea nos puede enseñar algo, siempre y cuando, estemos preparados para aprender.

Una educación sin fronteras e incluyente da sentido a la idea de que todo lo que conocemos es poco para poder triunfar en la vida, considerando que el logro más importante de una persona no es la fortuna que amase, sino el conocimiento “positivo” que pueda transmitirle a sus congéneres –empezando por sus hijos– y generando cambios importantes para que la sociedad mejore la calidad de vida de todos.

Lo seguro es que los actuales sistemas sociales no tendrán la capacidad ni el interés de transmitir todo esto. De forma que ampliar nuestro conocimiento se convierte es una obligación personal para así encontrar el camino hacia el crecimiento. Reconociendo, en ese caminar, nuestros propios límites para luego dejar a un lado las barreras mentales y empezar a vivir sin remordimientos por el pasado que heredamos o que nos impuso el sistema, que encasilla mediante barreras mentales que limitan a todos aquellos que no se atreven a globalizarse.

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