SOCIEDAD

Salud y pena de muerte: Robin Rovira Cedeño

En uno de mis artículos (La Prensa, 17 de junio de 2009) mencionaba que el primer deber de la ley es mantener saludable a la sociedad a la cual sirve. Que cuando hablamos de salud no hablamos solo de salud física sino, también, de salud emocional. Ello presupone que los mayores recursos deben destinarse a la prevención y curación de enfermedades. Decir que ciertas cosas no se pueden prevenir o curar, podrá ser harto evidente, pero no deja de ser una posición cómoda o derrotista (en todo caso) y... corremos, de paso, el riesgo ante los ojos de Dios de pasar como una sociedad hipócrita.

Me explicaré: Criticamos el incremento de jovencitas embarazadas, sin embargo, permitimos que algunos periódicos describan explícitamente, por ejemplo, cómo practicar el sexo oral bajo el supuesto de “salud sexual”, cuando no se pretende, sino, mercadear con la morbosidad. Televisamos el arresto de mujeres de “mal vivir” en las noticias como algo grande, pero permitimos que los periódicos publiquen en sus clasificados el servicio sexual. Por cierto, esto se acaba de prohibir en Argentina, porque promueve la explotación de trata de blancas.

Criticamos el incremento de jóvenes adictos a las drogas, sin embargo, no regulamos cierto tipo de música que, de manera literal, explicita o expresa, con su letra, proselita su consumo abiertamente en buses colegiales, en actividades bailables escolares o en el transporte público (ojalá que nunca se le ocurra a nadie permitir música en el Metro Bus).

Criticamos el incremento de la violencia, pero sublimamos la violencia, cuando idealizamos la psicología del hombre tras el arma en programas televisivos y en la manera sórdida en que ciertos medios comunican los homicidios: “Lo rellenaron de plomo”. “Le metieron 20, 30, 40... tiros”. ¿Qué es esto? ¿Qué se pretende? ¿Cuál es la psicología, entonces, del periodista tras la noticia, en este y en otros temas como la sexualidad al que hicimos referencia al principio? Esto es serio.

Mencionaba, también en mi artículo precitado, que no hay libertad absoluta sin responsabilidad. Que hasta el punto en que hayamos aprendido a ser responsables, hasta ese punto, tenemos el derecho a ser libres. Que ser ciudadanos responsables se traduce en mucha libertad, y ser ciudadanos irresponsables se traduce en leyes severas que limitan nuestro actuar o libertad. Aunque la pena de muerte no deja de ser una alternativa legal, como alternativa moral habría que sopesarla mucho, porque no hemos hecho todo para prevenir la violencia, cuando no estamos regulando ciertas cosas que abonan el terreno para ella. Recuerdo que en El Salvador hubo una época en que se prohibieron las películas de guerra, por la guerra civil que se vivía. Como quiera que sea, la pregunta es: ¿Nuestra sociedad habrá hecho todo para prevenir la violencia? Solo una respuesta afirmativa nos permitiría tirar la primera piedra.

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