ÉTICA Y MORAL

Santo Tomás Moro, el modelo a seguir: A. Linette Taboada

“Así como el hombre no se puede apartar de Dios, los políticos no se pueden separar de la moral. Este debe ser el norte y la luz que ilumine a los gobernantes y su conciencia”, santo Tomás Moro (1478-1535), político, estadista y escritor inglés, cuyas ideologías le costaron la vida.

Hoy cabe hacer un alto para reflexionar sobre la estimulante vida pública de Tomás Moro como un ejemplo a seguir, sobre todo luego de los tres años de gobierno en Panamá, en que hemos visto que el comportamiento de gobernantes y los políticos tiene poco de los principios morales o éticos, incluso algunos se quitan o ponen ese vestido según les convenga.

Recordemos los compromisos de la conciencia cristiana, que inspira la responsabilidad social y política de los católicos en las sociedades democráticas, con la finalidad de que la vida pública sea un modelo de virtud, dignidad y coherencia moral, en donde –como Moro– se debe contar con una gran firmeza de carácter para rechazar cualquier compromiso contra su propia conciencia e incluso voluntad.

El trabajo social y político realizado por Tomás Moro fue una muestra de patrón creíble en ese momento de la historia, mostrando el camino de arduo desafío y grave responsabilidad. Se distinguió por la fidelidad a las autoridades y a las instituciones legítimas, porque en ellas quería servir, no al poder en sí, sino más bien al supremo de la justicia y al pueblo.

Nos enseñó que el gobierno es antes que nada un ejercicio de virtudes, esas que no se heredan sino que se aquistan. Se desprendió de honores y riquezas para revestirse de humildad y conocimientos de la naturaleza humana; eso y el buen juicio le dieron fortaleza interior en momentos difíciles de su vida y carrera.

La democracia o se practica o se pierde; es un motor que requiere de buenos gobernantes, políticos con sentimientos nobles y, sobre todo, de personas honorables para poder que funcione correctamente. De otra manera sería un total fracaso, una vulgar fachada como la que ahora tenemos. Creo que a nuestros políticos y gobernantes no les vendría nada mal leer la biografía completa de este santo y tomarlo de modelo de lealtad a sus principios, a su moral y su fe y darse cuenta, de una vez por todas, que ser político además de que conlleva un compromiso es una vocación.

Yo, señores, empezaré pidiéndole a santo Tomás Moro salud para nuestro gobernante, para que termine el período que le fue conferido por medio del voto por parte del pueblo que creyó en sus promesas de campaña y que, aún después de tres años de sufrido engaño, espera lo prometido. No pido que tengan moral, principios ni ética, porque eso se aprende en casa, no en la escuela. Tampoco es una aureola que se pone o se gana, es parte del ser humano, se tiene o no se tiene, y por lo visto nuestros políticos no la tienen.

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