REFLEXIÓN

Símbolos patrios y posmodernismo: Daniel Pérez

Recientemente, algunos diarios se han hecho eco de la idea malhabida de modernizar el himno nacional, porque según el proponente y otros panameños que se creen superdotados musicalmente, la partitura de este símbolo patrio es aburrida y debe hacerse atractiva a las nuevas generaciones. ¿Acaso todos pueden cantar, haciendo armonías de voces? Y alguien ha dicho que le quieren introducir más trompeta. ¿Qué pretenden, hacerlo parecer una marcha de 3 de noviembre?

La propuesta del cambio solo puede ser entendida, si consideramos que vivimos en la posmodernidad y para los más avanzados, en la hipermodernidad, cuyos rasgos sobresalientes son la explotación de lo emocional, la irreverencia ante los valores racionales de la modernidad de antaño, la estridencia, el relativismo y la tendencia a lo decadente, como normas de vida y a partir de lo cual se ha de readaptar todo el entorno de los individuos, porque lo importante es la complacencia personal y la indiferencia ante aquello que no satisfaga las apetencias egoístas de las personas.

La susodicha modernización de la interpretación del himno nacional no es más que un atentado a la identidad profunda del ser panameño, es relativizar valores que hipócritamente, entonces, algunos salen a defender y exaltar en el mes de noviembre, cuando son celebradas las máximas efemérides de la patria.

Interpretaciones aficionadas del himno nacional son las únicas que lo hacen aburrido y disonante, como el canto improvisado de su letra, por cantantes sin la voz lo suficientemente educada para acometer tal empresa, que pretenden adaptarlo a su estilo particular o al género musical que suelen interpretar. Si tal idea prospera, habrá que aprobar una ley sobre símbolos patrios que se limite a decir cuáles son, con un bosquejo general de cómo son, y dejar a la libre su representación o interpretación, para que cada generación introduzca las innovaciones que considere adecuadas al espíritu de la época que le toque vivir. En ese sentido, habrá que suprimir del Juramento a la Bandera, la frase “como símbolo sagrado”, porque ya no se adapta a la posmodernidad laicista; dividir el istmo de Panamá pintado en el escudo nacional, porque en el Panamá actual el Canal sí existe o agregar a la bandera nacional más colores, porque la actual es una representación ideológico-política de inicios del siglo XX y la nación panameña es un crisol de razas. La idea es repudiable, porque atenta contra los fundamentos de la nacionalidad panameña, olvida que la tarea que debe emprenderse, de forma coherente con el compromiso de educación ciudadana, es hacer que los panameños revaloren en su justa dimensión y significado los símbolos de la patria, que no están diseñados o creados para la complacencia personal, sino para representar el sentimiento de nación con que fue erigida la República de Panamá, valores y aspiraciones imperecederas desde 1903 hasta hoy; y en consecuencia, no admiten cambios, modificaciones, adaptaciones o actualizaciones que degeneren su esencia. ¿Con qué moral ciudadana criticamos los desafueros de otros, si parece que todos queremos practicar igual comportamiento? No todo está sometido a la trivialidad relativista y complaciente posmodernista.

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