CONTENCIÓN

Soberanía, democracia y deuda financiera: Ramiro Guerra Morales

La tragedia que viven los griegos nos pone a pensar en un fenómeno que se presenta lejos, pero que lo tenemos cerca, ya entre nosotros. Hablo de la deuda externa, que, mal administrada, nos puede conducir –guardando las proporciones– a conflictos de democracia y soberanía popular.

La realidad de Grecia ha puesto de relieve cómo el mundo del poder financiero y sus expresiones corporativas colocan a la mayoría de países europeos (destaca entre ellos Alemania) en una situación de portaestandartes de un conservadurismo que raya en lo inhumano, y en el que conceptos como democracia y soberanía popular se tienen como pecados capitales, inaceptables para el proceso inocuo de reproducción a un nivel esquizofrénico del capital financiero.

Los titulares de algunos diarios de Europa conjeturan que la quiebra de Grecia ha representado para Alemania más de 100 mil millones de dólares. Los acreedores financieros no han tenido misericordia con el pueblo griego que, sencillamente, ¡paga o paga! No tiene otra salida. Así operan los resortes del poder financiero a cambio de seguir “prestando para pagar préstamos”, condicionan estos a medidas que estrangulan a ese pueblo.

Son recetas impuestas no para salvar a Grecia y a su pueblo de la crisis, sino para capitalizar más y más. De aquella Europa de la democracia social y del estado de bienestar solo quedan las cenizas. Tal vez, sus pueblos confían en que de esas cenizas emerjan, como el ave fénix, las ideas progresistas que engrandecieron a esas naciones, cuyos programas e ideologías impregnaron a nuestra clase política, pero cuyo discurso se ha desideologizado, igual que ocurrió por esos lares. Así vemos la situación de nuestros hermanos de Puerto Rico, que se endeudaron y ahora no pueden pagar. En ese país, de seguro, están en ciernes medidas draconianas contra su pueblo, para pagar lo que es impagable: la deuda externa. Mirémonos en esas realidades, pues todas se abordaron bajo el argumento de que la relación PIB–deuda externa era manejable.

En solo un quinquenio, la deuda externa creció 100%, es decir, de casi 10 mil millones de dólares a 20 mil millones de dólares. Ante un escenario de la caída del crecimiento económico, no estaríamos exentos de la imposición de medidas canallas y antipopulares. Como reza el dicho, “siempre es el pueblo el que paga los platos rotos”. Lo anterior nos lleva a sugerirle a los gobernantes que mantengan la cordura y la prudencia ante la espiral del endeudamiento externo, para financiar egresos que no siempre están dirigidos a resolver las necesidades básicas de los más necesitados. Los panameños ya vivimos la experiencia de las medidas impuestas a nuestra nación, condicionadas al pago de la deuda externa.

Situaciones como las que vive Grecia propician las revoluciones. Considero que el optimismo es una fuerza productiva y que las naciones, más temprano que tarde, retomarán los gobiernos de mayor rostro humano y progresista.

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