DECISIÓN HISTÓRICA

¿Sobrevivirá el Canal los próximos siete años?: Carlos A. Alvarado

Después de la invasión norteamericana en diciembre de 1989, el país ha sufrido el constante manoseo de la corporación política que encontró la manera de mantenerse en el poder o cobijarse a su sombra. Suben hoy, bajan mañana, pero siempre agarrados y cerca del poder metiendo la mano con voracidad insaciable. Se han llevado casi todo y van por más. Lo único que les ha sido vedado, hasta ahora, ha sido el Canal. ¿Podremos confiar que se respetará la condición de intocable que le otorgan la Constitución y la ley que garantizan su autonomía? Veamos.

La experiencia de los primeros 12 años bajo administración panameña ha sido positiva. ¿Serán iguales o mejores los próximos siete? Los diarios confirman que, por requerimientos de la ley, Alberto Alemán Zubieta no podrá ser reelegido. Anuncian, también, la necesidad de nombrar a nuevos miembros de la junta directiva en reemplazo de tres a quienes se les cumple su término. Las decisiones que deberá tomar el Ejecutivo, en representación del pueblo panameño, son críticas. Pueden dar un mayor impulso a una organización por demás exitosa o tomarla como botín político y económico poniendo en riesgo el principal recurso del país.

Los escándalos hechos públicos recientemente son ejemplo de cuánto daño se le puede hacer al país con decisiones que, arropadas bajo un manto de legalidad, esconden propósitos aviesos y mezquinos. A medida que conocemos detalles de cómo se trama cada una de aquellas trampas, no podemos evitar mirar con sospecha cualquier acción de gobierno que no sea totalmente transparente.

2012 es un año crítico para el futuro del Canal. Con un accionar vigoroso, la presente administración ha sabido posicionarlo en el mundo globalizado de hoy. Supo detectar dónde estaban las oportunidades y desafíos y avanzó hacia ellos con determinación. También supo consolidar dentro de la organización una forma de gestión de altos valores éticos. Afortunadamente, los logros conseguidos y la fuerza que los impulsa están intactos. El dilema que enfrentamos está en cómo lograr que esos valores sean respetados por quienes asumirán el desafío de darle continuidad a un trabajo brillante que tuvo como única meta el interés nacional.

Quienes conocen las intimidades del negocio marítimo, saben que es un mundo complejo donde aun los más grandes corren el riesgo de desaparecer si se equivocan. El Canal desarrolla una actividad rentable al servicio del comercio mundial que avanza hacia una nueva etapa de su vida. La expansión es un paso fundamental y necesario. Sin embargo, su conclusión no garantiza que todos los barcos y todas las cargas optarán por esta ruta. Eso solo ocurrirá si la gestión es impecable y, como ocurre actualmente, la organización se identifica totalmente con las necesidades del cliente y las resuelve en mutuo beneficio.

Nadie ignora cuán exitoso ha sido el administrador que toca reemplazar. Reconocido internacionalmente por su liderazgo y clara visión de sus responsabilidades para con el país y la comunidad marítima internacional, quien lo reemplace tendrá que llenar esas mismas cualidades y superarlas. Idealmente, debería ser un profundo conocedor del negocio marítimo y del impacto que el Canal tiene en el país y en el comercio mundial. Será él quien liderará la organización por los próximos siete años.

El mundo ha sufrido una gran transformación, convirtiéndose en un lugar interdependiente y complejo. La expansión en progreso se completará coincidiendo con un mundo aun en crisis y, quizás y con fortuna, en lento proceso de recuperación. El Canal ampliado deberá entrar a servir a ese mundo en circunstancias diferentes a las actuales. ¿Será capaz el nuevo administrador de llevar esta nave por esas aguas turbulentas? Es una pregunta que quienes tengan la grave responsabilidad de su selección deberán hacerse una y mil veces. Y estar totalmente seguros de su respuesta.

Igual debe ocurrir con la selección de los nuevos miembros de la junta directiva. De otra forma, corremos el grave riesgo de seguir consolidando el estado de total incertidumbre que se vive hoy. Porque unos pocos ponen por delante sus intereses personales, el país está perdiendo credibilidad tanto interna como externamente. Cuando debió entrar con todas sus fuerzas a un proceso de recuperación que supere de forma definitiva la tragedia que arrastramos después de años de dictadura, unos cuantos han decidido disfrazarse de servidores públicos y continúan la nefasta fiesta. Y en medio de esta fiesta se está por decidir el futuro del Canal y Panamá.

La decisión a tomar al momento de nombrar al próximo administrador de la ACP pondrá a prueba a su junta directiva. Ella debe cumplir su responsabilidad histórica sin la menor interferencia del Ejecutivo. Desafortunadamente, las últimas decisiones de este son fuente de preocupación. El tinte autoritario y la actitud de “aquí el que manda soy yo”, lo muestran casi de espaldas a los intereses del país. Una decisión equivocada pondrá en riesgo nuestro bien más preciado. Mientras el país se carcome ante la duda, la comunidad internacional observa con atención, pues ella también será beneficiada o perjudicada, según la decisión que se tome.

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