COLUMNA INVITADA

Soñar con los ojos abiertos: Hugo Muñoz Arévalo

Soñar despierto suele asociarse con estar despistado. Sin embargo, ¿qué hubiera pasado si grandes genios como Arquímedes o Newton no hubieran dedicado un momento a estar en las nubes?

El descubrimiento de Arquímedes del principio de flotación apareció cuando le pidieron averiguar si en la fabricación de una corona de oro se había usado plata para abaratar su coste. Al no poder el sabio dañar la pieza de ninguna forma, no encontraba la manera de descubrir lo que le habían pedido. Por eso, decidió darle un descanso a su cerebro y relajarse con un baño. Sin embargo, mientras soñaba despierto, se fijó en el aumento del nivel del agua al sumergirse dentro, lo que le dio la clave para averiguar si la corona era de oro o de plata. Ya que sendos materiales no tienen el mismo volumen.

En el mundo en el que vivimos, rodeados de una tecnología que con la excusa de la inmediatez nos obliga a una conexión constante y a no perder ni un minuto, parece imposible encontrar un hueco para descansar o para soñar. Pero soñar despierto es algo indispensable, ya sea para eliminar el estrés generado o como una manera de desconectar.

Distintos científicos aseguran que la divagación es el estado natural de la mente. E incluso Daniel Levitine, autor del libro The Organized Mind y profesor de psicología de la Universidad de McGill, asegura que la mente tiene dos modos de atención: el positivo y el negativo.

Mientras que el positivo se centra en una tarea y evita todo tipo de distracciones, el negativo aparece cuando uno se pone a fantasear. Y además asegura que gracias a este segundo modo, la humanidad ha sido capaz de avanzar y descubrir algunos de sus mayores hallazgos.

Esto se debe a que cuando nos apartamos del ruido y dejamos paso a la imaginación, nuestro enfoque ante el problema disminuye y nuestra parte creativa se activa. Lo que nos lleva a ver otro panorama de la situación.

Sin embargo, como explica María Claudia Peralta, jefa del área de psicología social de la Universidad de la Sabana, “hoy, el discurso dominante consiste en estar ocupados, o al menos parecerlo, porque eso es visto como sinónimo de productividad”.

Por tanto, si no se cambia la mala percepción que se tiene del tiempo libre, acabaremos estancados en un mundo sin imaginación ni creatividad. Es decir, un mundo de perpetua rutina.

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