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MIRADA

Suicidio, religión y sociedad: Alberto Valdés Tola

Según un informe de la Organización Panamericana de la Salud, desde 2008 en Panamá, al igual que en otros países del área (Nicaragua y Costa Rica), se registra un sostenido crecimiento de casos de suicidio. La organización internacional reconoce que, lejos de ser un capricho individual y psicológico, se trata de un problema de salud pública. Una mirada analítica a las estadísticas plasmadas en el informe sobre la violencia y la salud de la OMS (2002) corrobora que el suicidio empieza a adquirir proporciones globales.

Hace más de cien años el sociólogo francés Émile Durkheim publicó su tesis sobre esta materia, en la que sostenía que no era exclusiva de afecciones individuales relacionadas con el temperamento y la psicología del individuo (embriaguez, locura, etc.), sino que se trataba del producto sociológico del rompimiento de lazos sociales o de la conciencia colectiva. Para ese pensador, el suicidio tenía mucho que ver con las fuerzas sociales, entendidas como la estructura familiar y la religión, entre otros factores. Identificó que los católicos se suicidan menos que los protestantes y, además, que la religión en general tiene un efecto solidario, promueve y estructura la conciencia colectiva de los miembros. Por ende, es un importante mecanismo de control contra el flagelo.

De acuerdo a las estadísticas de PEW Reseach Center (institución interesada en el estudio de la religión y la vida pública) la afiliación religiosa en el mundo ha disminuido, al punto de que la categoría de los no afiliados empieza a tener relevancia estadística. Sociedades modernas y altamente seculares, como las europeas y asiáticas, reflejan no solo menor afiliación, sino que sus tasas de suicidios empiezan a crecer, a diferencia de otros países de Latinoamérica y África de fuerte arraigo socio-estructural con lo tradicional y religioso.

En Paraguay y Guatemala, donde hay altos porcentajes de afiliación religiosa (96.9% y 95.2%, respectivamente), el promedio de suicidios es de 3.6. En cambio, en Uruguay y Cuba, con bajos porcentajes de afiliación religiosa (40.7% y 23.0% respectivamente) el promedio de suicidios es de 16.5 y 12.3. En Panamá la media de suicidios es aún incipiente (5.5), mientras que la afiliación religiosa es alta (93%).

De esta forma, la religión, en cuanto al suicidio se refiere, actúa como un mecanismo socio-preventivo, porque al mismo tiempo que ejerce una función de integración entre individuos, evita la fragmentación de los lazos sociales y comunitarios.

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