ECONOMÍA

Los hombres necesitan más mujeres en puestos clave: Susan A. Clancy y Lucienne Rodríguez Barberena

Hoy en día, las mujeres en Latinoamérica tienen igual o mayor educación formal que los hombres. Asimismo, la participación de estas en la fuerza laboral ha venido creciendo de una manera exponencial, y se estima que componen aproximadamente el 50% de la fuerza laboral profesional.

Sin embargo, a pesar de ello, las posiciones de alto mando a través de las distintas industrias siguen dominadas por los hombres. El porcentaje de mujeres en las juntas directivas y en los equipos ejecutivos permanece estático en alrededor de un 15%, y solo un 3%, si hablamos de los ejecutivos de las empresas de la lista Fortune 500. De acuerdo con el Latin Business Chronical, solamente el 1.8% de las empresas latinoamericanas está dirigido por mujeres.

Es más, al hacer un promedio de las dos medidas que miden el empoderamiento de las mujeres en el reporte Brecha de género del Foro Económico Mundial (participación económica y empoderamiento político), vemos que actualmente Panamá se encuentra en la posición número 46 en el mundo en cuanto al empoderamiento femenino.

Algunos se preguntarán ¿y qué importa? Datos del Centro de Liderazgo de la Mujer de Incae indican que a la mayoría de los líderes (hombres) del sector público y privado no le importa. Debería de importarle, ya que en el siglo XXI, la diversidad de género en el liderazgo es un factor crítico para la competitividad organizacional.

Con base en datos públicamente disponibles de la lista de empresas Fortune 500, a través cinco distintos sectores se puede observar un vínculo claro entre la diversidad de género en los equipos de alto mando gerencial y el desempeño financiero corporativo. Aquellas empresas con la más alta representación de mujeres en sus equipos de alta dirección experimentan un mejor desempeño financiero. Su retorno sobre el capital (ROE) es 35% más alto, y la rentabilidad total del accionista (TRS) es 34% más alta.

Es cierto que una correlación no indica causalidad. Sin embargo, aquí encontrará dos razones concretas sobre el porqué es probable que sí sean las mujeres las que causen este efecto positivo. La primera razón tiene que ver con el creciente poder de mercado de las mujeres. Dentro de los últimos 50 años la participación de la mujer en la fuerza laboral ha sido desbordante. Mundialmente, las mujeres hoy en día controlan alrededor de $20 billones en gastos anuales, y esta cifra se espera que crezca a $28 billones para 2016; lo que los economistas están llamando el mercado emergente más grande en la historia del mundo (más grande que la China y la India combinadas).

Una reciente encuesta realizada por el grupo de Consultoría de Boston (BCG) reveló que como la mayoría de las organizaciones está siguiendo sus prácticas de negocio de manera usual y fallando en explotar la forma en que estas pueden satisfacer las necesidades del nuevo mercado femenino, las mujeres en las economías desarrolladas y en vías de desarrollo se sienten muy desatendidas.

Lograr aprovechar y satisfacer las necesidades de este nuevo mercado requiere de entendimiento. Además, ellas ahorran, gastan e invierten su propio dinero de una manera muy distinta a la que lo harían con el dinero de alguien más. Desarrollar los productos y servicios necesarios para atraer la economía femenina requiere de más mujeres en la mesa de la toma de decisiones.

La segunda razón tiene que ver con el manejo estratégico del talento. Las mujeres son la mitad de la fuerza laboral profesional, pero los líderes son seleccionados solamente de la otra mitad.

Esto significa que hay un desperdicio absurdo de recursos, aun si estuviésemos en circunstancias normales, pero no lo estamos. En los últimos 10 años ha habido una tendencia mundial de desaceleración poblacional (disminuciones abruptas en la tasa de fertilidad) y, por ello, lo que se avecina es una guerra de talento. La competitividad de cualquier empresa requerirá de su habilidad de atraer, retener y promover el mejor. Las mujeres, además de ser la mitad de ese talento (si se buscan personas con títulos universitarios), representan el mercado de crecimiento más grande en el mundo.

La diversidad de género no tiene que ver con los valores, más bien tiene que ver con el valor agregado. La diversidad simplemente es una buena estrategia.

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