NUEVO SISTEMA DE ENJUICIAMIENTO

Técnicas de comunicación en materia criminal: Hipólito Gill Suazo

La entrada en vigencia de un nuevo “modelo” de enjuiciamiento, va a requerir de parte de los abogados ejercientes en el área penal y, sobre todo los que actúan o “practican” ante los tribunales y las fiscalías, una serie de conocimientos, aptitudes, actitudes y destrezas a las que, por diversas razones, no estaban acostumbrados los profesionales del derecho; por mucho que creamos que la oratoria es una virtud innata de los abogados.

El enfoque de la formación universitaria, el sistema fundamentalmente escrito que caracteriza el ejercicio del derecho en la mayoría de las ramas jurídicas, la ausencia de capacitación o entrenamiento en las destrezas de la retórica, son algunas de estas razones. En términos generales, los abogados están acostumbrados –y el sistema “inquisitivo” así lo demandaba– a tramitar los asuntos o peticiones a través de los respectivos escritos, aunque desde siempre el profesional del derecho ha estado interesado en comunicar directamente al juez las razones jurídicas que fundamentan sus argumentos, lo que es natural y no constituye –en nuestro concepto– un vicio o distorsión en el ejercicio de la abogacía, como insistentemente se ha señalado al considerarse como una manifestación que contradice la transparencia del proceso penal, pues los abogados pretenden asegurarse de que lo planteado por escrito sea escuchado y conocido por el juez que resolverá su caso, por lo menos en un sistema esencialmente escrito, lo que constituye una de las razones –entre otras– para modificar el sistema penal inquisitivo.

Es innecesario insistir en las diferencias que hay entre ambas clases de procesos: escrito y oral e, igualmente, la diferente naturaleza de comunicación que “encierra” o comprende cada uno de ellos. Pues uno y otro se produce en contextos muy distintos. En la comunicación oral intervienen una serie de elementos que pueden ir modificando el mensaje que se desea expresar al juzgador. Esta comunicación se presenta, entonces, dentro de un contexto o ambiente “incontrolado”, por lo que el abogado ha de tener presentes algunas técnicas que le permitan ir adecuando, transformando o modificando su discurso, de manera que se corresponda con los argumentos y objetivos perseguidos, de conformidad con el papel que ejerce en el proceso, como defensor, querellante, e incluso, como representante del Ministerio Público (fiscal, personero, etcétera).

Los conocimientos que se requieren no solo versan sobre los aspectos tradicionales y “nuevos” del hecho punible, las sanciones y las medidas alternativas y métodos de resolución de conflictos, los principios y la propia regulación del proceso acusatorio, sino también en la adquisición de una serie de estrategias de argumentación jurídica y de técnicas de comunicación. Las estrategias y contenidos de la argumentación jurídica es un asunto complejo y de fondo –ritual y sustancial– que requiere una preparación especializada que tendremos que abordar en otro momento. Nos limitamos a enunciar algunas técnicas que ha de tener en cuenta el abogado al concurrir a las distintas audiencias previstas en este nuevo sistema de enjuiciamiento.

Debe, ante todo, contar con un esquema que contemple todos los aspectos que pretende tratar en la audiencia. Es solo una guía que ha de conducir al orador al logro de sus objetivos, como lo recomiendan los especialistas en técnicas de comunicación oral. Se puede tener un buen argumento –y a lo mejor asiste el derecho–, pero si no se cuenta con una buena técnica de comunicación del mensaje, porque el abogado no está bien enterado del caso o porque desconoce la escena del debate, que comprende desde el espacio físico hasta el conocimiento de los actores principales que estarán presentes: el juez, los abogados –cuando se trata de causas complejas–, la víctima y, en general, “la naturaleza” del auditorio al que se enfrenta, las posibilidades de éxito se alejan.

Asimismo, el contenido de la exposición ha de ser claro, preciso y expresado con naturalidad, pues el abogado puede estar tentado a realizar una exposición estentórea y abundante en tecnicismos jurídicos y doctrinales, los que a veces pueden dar lugar a interpretaciones erróneas, por cuanto que no hay que descartar que el juez y los otros actores del proceso penal poseen la misma formación jurídica, e incluso, pueden contar con un conocimiento más profundo sobre el derecho y de otras disciplinas vinculadas al debate.

La vehemencia de los argumentos ha de ser también sostenible, es decir, debe mantenerse durante toda la exposición, desde los alegatos previos hasta los alegatos de conclusión, pues no hay que olvidar que muchas veces las palabras que más impresionan al destinatario son las que se dicen al final, por lo que una buena defensa o acusación puede verse debilitada si las conclusiones no mantienen el mismo esplendor y entusiasmo con el cual iniciamos o fuimos adecuando el mensaje a lo largo de todo el juicio. Hemos excluido los aspectos formales de la exposición oral, no porque no tengan importancia, sino porque creemos que estos aspectos están implicados en la argumentación: la apariencia, el tono de la voz, el respeto, la humildad, la seguridad, entre otros, son atributos que se dan por descontado para quien pretenda convencer a los demás.

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